Alejandro BettsDestacadoEDITORIALESNACIONALES

La falta de una seria educación histórica atenta contra los intereses de los propios argentinos

Por regla general, nosotros no tenemos un buen conocimiento de la Historia Argentina. Muchas son las causas de ello; cuestiones políticas, formas de dirigir la educación a determinados sectores, falta de un sentir nacional, y hasta algún tipo de corrupción, serian algunas de ellas. Lo cierto es que nos enseñaron, y enseñan, nuestra historia desde una concepción en que se prioriza algo así como una conformación de ideas comunes al modelo necesario de Nación, dejando de lado lo demás, como si no sirviera. En definitiva: algo muy parcial y superficial. Un ejemplo que puede servir como cachetazo para la reflexión.
* Alejandro Betts

A todos nos enseñaron de las dos invasiones inglesas a Buenos Aires, pero al resto se las olvidan, salvo rara excepción. En total, tuvimos doce invasiones a nuestro territorio por parte de los ingleses y siempre con el mismo objetivo, someternos de forma colonial, comercial o militar. No es poca cosa, ¿no? Reducir 44 años de historia a dos hechos del siglo 19: las invasiones de 1806 y 1807.

¿Será porque el eje sobre el cuál giraban todos estos conflictos fue las apetencias comerciales en América del Sur?

Desde la primera invasión en 1763 – sí, leíste bien 1763 -, Inglaterra busco aliarse con Portugal, y lo hizo a través del Tratado de Methuen, que le otorgaba la posibilidad de aprovisionarse en cualquier puerto Lusitano del mundo. A la vez que intensificó su más antigua forma de comerciar: El Contrabando, en aquellos lugares donde les estaba vedado el comercio. Y el último de 1982, que más está presente en la memoria de muchos, el método ha sido de tejer alianzas ocasionales a fines de consagrar ocupaciones territoriales ilegales a fines de saciar sus apetencias comerciales, sin importarle “las reglas del juego”.

Para los que descartan esa última afirmación, recuérdense de las sucesivas Declaraciones Conjuntas anglo-argentinas implementadas bajo el “paraguas de soberanía” entre 1971 a la fecha.

Quizás 1982 sea recordado más por la histórica recuperación de las Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur del 2 de abril, y por la guerra subsiguiente, que por la ilegítima invasión inglesa en sí. Pero, hay que recordar que, tras la reconquista militar británica de las Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur (una misma jurisdicción terrestre-marítima), parte de nuestro legítimo territorio nacional se encuentra aún ocupado por otra Nación. Una nación-potencia que no cede un milímetro ante nuestros reclamos; que solo busca su conveniencia económico y comercial a través de la depredación de las enormes reservas de recursos naturales y minerales que existen en aquella zona, y por otra parte, en definitiva, esa potencia mundial es nuestra enemiga de ayer, de hoy y hasta la de siempre, si no nos acordamos de ser argentinos de ley.

Con respeto a esto, el lector tiene que tomar consciencia de “los principios” de los ingleses. Éstos fueron elocuentemente demostrados por el eminente poeta irlandés, Bernard Shaw, cuando escribió: Todo lo hace por principios: Guerrea por principios patrióticos; esclaviza por principios imperialistas; oprime por principios de fuerza; roba por principios de comercio; sostiene a su Rey por principios de lealtad y lo decapita por principios democráticos”.

Concepto este confirmado por el Primer Ministro británico George Canning al declarar: América española es libre y si sabemos actuar con habilidad será nuestra” (después de reconocer la independencia de las colonias latinoamericanas en la época en que el grupo rivadaviano concertaba el primer empréstito con el Banco Baring).

O las declaraciones el Lord Palmerston en el parlamento inglés durante el bloqueo anglo-francés al Río de la Plata en 1848: “Es una política estrecha mirar a este o el otro país como destinados a ser los perpetuos aliados o los eternos enemigos de Inglaterra. No tenemos perpetuos aliados ni eternos enemigos. Nuestros intereses son lo perpetuo y lo eterno.” 

Para finalizar, desde el Tratado de Amistad (perpetua), Navegación y Comercio de 1825, los ingleses han hecho gala de sus dotes de comerciantes en nuestra región Sudamericana. Sus límites no tenían fin cuando de construir monopolios se trataba.

Antes de ser gobernador de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas (con Terrero y un hermano de Dorrego como socios) era uno de los principales saladeristas, y exportaban a carnes saldas a Brasil y las Antillas. Para no depender del monopolio del comercio y transporte de los barcos ingleses, se hicieron armar su propia flota en Corrientes. Los comerciantes ingleses y sus socios locales le hicieron la guerra política y periodística para hacerles cerrar los saladeros, argumentando que subiría el precio de la carne en Buenos Aires. Rosas ofreció entonces seguir abasteciendo al mismo precio, pero lo persiguieron tanto que al fin cerró y se dedicó e la cría extensiva de ganado.

El cónsul inglés en Buenos Aires en la época, Woodbine Parish, decía en 1825 que: «Las mercaderías inglesas se han hecho hoy artículos de primera necesidad en las clases bajas de Sudamérica. El gaucho se viste en todas partes con ellas. Tómese las piezas de su ropa, examínese todo lo que lo queráis y exceptuando lo que sea de cuero ¿Qué cosa habrá que no sea la inglesa? Si su mujer tiene pollera, hay diez probabilidades en una de que será manufactura de Manchester, la caldera u olla en que se cocina la comida, la taza de loza ordinaria en la que come, su cuchillo, sus espuelas, el freno, el poncho que lo cubre, todo son efectos llevados de Inglaterra”.

Y, para echar sal a las venas abiertas argentinas y Sudamericanas, vanagloriaba luego con Debe recordarse que cuando el comercio del Río de La Plata se abrió, Gran Bretaña obtuvo su monopolio desde el principio, conservándolo solo ella hasta poco después de la paz general de 1815 (…) Con razón debe el Río de La Plata considerarse como el más importante y rico de todos los mercados que se nos han abierto desde la emancipación de las colonias españolas, si consideramos no solo la cantidad de nuestra manufacturas y efectos que consume sino la cantidad de materias primas y manufacturas con que retorna, proveyendo de esta suerte a nuestros manufactureros de nuevos medios de producción y provecho. También ha resultado singularmente ventajoso para nuestros intereses marítimos debido a no tener hasta ahora los hijos del país buques mercantes de su propiedad, obteniendo de esta manera nuestro pabellón y en nuestros buques, la conducción del flete de ida y vuelta de la materia prima.” Citado por Norberto Galasso. De la Banca Baring al FMI. p.24)

Para colmo, otro inglés, economista, de apellido Jevons, completaba el mosaico comercial británico con las palabras siguientes:” Las llanuras de América del Norte y de Rusia son nuestros trigales, Chicago y Odessa, nuestros graneros. Canadá y el Báltico nuestros bosques proveedores de madera; Australia contiene nuestras granjas de corderos, y en la Argentina y las praderas de América del Norte están nuestras manadas de bueyes; Perú nos envía su plata y el oro de África del Sur fluye hacia Londres; los hindúes y los chinos cultivan nuestro té, y nuestras plantaciones de café, azúcar y especias están en todas las Indias; España y Francia son nuestros viñedos y el Mediterráneo nuestra huerta de frutales y nuestros campos de algodón que durante mucho tiempo estuvieron en el Sur de EEUU, se están extendiendo ahora por todas las regiones templadas del planeta”.

Por todo lo anterior, digo que la hipocresía y la duplicidad diplomática siempre ha estado en el orden del día cuando el tema de Malvinas se trata. No se puede cambiar el curso de la historia lejana y actual sobre la base de cambiar los retratos colgados en la pared.

* Alejandro Betts, es cuarta generación de isleños nacidos en las Islas Malvinas, es fueguino y tiene documento argentino. Es veterano de la guerra de 1982 y peticionante ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas en defensa de los derechos soberanos de la Argentina sobre las Islas Malvinas. Es miembro de la Fundación Malvinas y asesor técnico del Observatorio Malvinas de Tierra del Fuego. Nació en Malvinas el 28 de octubre de 1947 y vive en Agua de Oro, Provincia de Córdoba.