Alejandro BettsDestacadoEDITORIALESMALVINASNACIONALES

El 8 de septiembre de 1964 Miguel Fitzgerald aterrizaba en Malvinas enarbolando el pabellón nacional y dejando una proclama emancipadora

Hace 55 años, el 8 de septiembre de 1964, el hijo argentino de inmigrantes irlandeses, Miguel Fitzgerald, aviador civil, perforó el “manto de neblina” que separa las Islas Malvinas de su legítimo y único titular: nuestra Argentina. Miguel llevó a cabo su histórica patriada en el día de su cumpleaños, su propósito era: enarbolar la enseña nacional azul y blanca en las islas, después de más de 130 años de meras reclamaciones diplomáticas. El resultado: misión cumplida.
* Alejandro Betts

Ese día 8 de septiembre era un típico día primaveral en las islas. Cielo gris encapotado, algo de bruma en la visibilidad horizontal y un viento leve a moderado, del cuadrante sudoeste. Minutos antes de las 13 horas, los vecinos de Puerto Argentino, almorzando a esa hora, fuimos sorprendidos por el brrrrrrrrrrr del motor de una pequeña avioneta Cessna 185, monomotor, que volaba en círculos sobre el pueblo como si estuviera buscando un lugar para aterrizar.

Pasó en vuelo bajo por el largo de la bahía virando abruptamente a la altura de los hangares del FIGAS, al extremo oeste del poblado. De los que levantaron la vista a mirar las maniobras de la nave, nadie supo descifrar la matrícula LV-HUA, o los colores de la rondela azul y blanca, pintado sobre el fuselaje y los planos de ella, ni qué significaba el sugestivo nombre de Don Luis Vernet, pintado en el lado izquierdo del capot del motor.

El LV-HUA había despegado del aeropuerto de Río Gallegos, tres horas quince minutos antes, con destino ficticio de una estancia de la zona sur continental argentina. Arribado en su verdadero destino, Puerto Argentino, el lugar elegido para el aterrizaje era el campo de carreras cuadreras de unos seiscientos metros de largo y treinta de ancho.

Miguel bajó del pequeño habitáculo, con la bandera argentina en una mano y en la otra un sobre, en cuyo interior traía una proclama escrita. No encontrando ningún poste de altura para izar la bandera, fue hasta el alambrado de seis hilos y sujetó el asta con el pabellón desplegado, junto con el sobre. Se dio vuelta para subir nuevamente al puesto de comando de su nave cuando avistó una motocicleta acercándose a mitad de la pista.

El conductor detuvo la marcha de la moto delante de Fitzgerald y estrechándole la mano dijo “Soy Jimmy (James) Shedden, jardinero para el hospital.” Poblador y aviador mantuvieron una cordial conversación en inglés, y Miguel fue al alambrado y, recuperando el sobre, se lo dio en mano a Shedden, pidiéndole que lo entregara “al gobernante ocupante inglés en Malvinas.” 

Mientras tanto, se acercaron otros pobladores curiosos que habían visto el avión sobrevolando el pueblo. Entre todos tuvieron una amable charla con Miguel, unos ofreciendo ir a buscar más combustible para el vuelo de regreso, “just in case” – por las dudas-. Sin embargo, no queriendo provocar irritaciones innecesarias, el argentino rechazó cortésmente la oferta. Se despidió pronto de sus interlocutores, levanto vuelo con los isleños agitando sus brazos en señal de despidida.

A esa fecha, septiembre de 1964, la gobernación inglesa de la colonia estaba en recambio. El titular saliente, –Edwin Arrowsmith– había dejado el puesto en el mes de marzo, y  Sir Cosmo Haskard asumía el mando en noviembre. El interregno coincidía con los seis meses de licencia del gobernador saliente, pues la autoridad máxima británica en Puerto Argentino en ese momento era el secretario colonial, el señor Les Gleadell, isleño, ejerciendo el cargo de gobernador en carácter interino hasta tanto tal situación y cadena de mandos se normalizan con la llegada de Haskard.

El Secretario Colonial leyó la misiva íntegramente por la emisora radial de las islas en su horario de apertura vespertina: las cinco y media de la tarde. Dice así:

 “Al representante del gobierno ocupante inglés:
ISLAS MALVINAS.
Yo, Miguel L. Fitz Gerald, ciudadano argentino, único, necesario y suficiente título que exhibo en cumplimento de una misión que está en el ánimo y la decisión de veintidós millones de argentinos, llego al territorio Malvinico para comunicarle la irrevocable determinación de quienes – como yo – han dispuesto poner término a la tercera invasión inglesa a territorio argentino.
Han transcurrido casi 132 años del acto de piratería y avasallamiento de la soberanía argentina de las islas que hoy ocupo simbólicamente. El despojo perpetrado por los corsarios de la fragata “Clío” conmovió en aquel entonces a la Patria, muy joven aún y, a través de las generaciones, se ha mantenido en los hechos una usurpación que nunca fue admitida por los argentinos, por los latinoamericanos y por todos aquellos que, en el mundo, ajustan su quehacer al respeto de los derechos inalienables de cada nación. Hoy, en que también mi Patria despierta de un largo sueño, consciente de su grandeza moral y material, está decidida a recuperar éste, su territorio insular.
De ahí, yo constituyo la avanzada de este ideal patriótico y justo que crecerá, no lo dude usted, como formidable avalancha. Los argentinos estamos resueltos a no permitir que Inglaterra siga ocupando un archipiélago que, por razones geográficas, históricas, políticas y de derecho, pertenece a la república Argentina. Pienso, como mi pueblo, que a la postre y ante el mundo solo habrá un perjudicado moral de este injusta situación, mantenida a través de tantos años: ese perjudicado es Inglaterra.
Las Islas Malvinas tiene, para los argentinos, un valor que no se mide solamente por lo material – no obstante, el sistemático saqueo a que han sido y son sometidos -; ni tampoco aceptamos que sean motivo de negociaciones. Tienen, en cambio, el valor de la dignidad humana, porque son una parte incuestionable del país que como argentino represento en este acto de voluntad y plena decisión. Argentina no hace del ejercicio de la libertad y del derecho una manifestación vacua, como si fuera una consigna o un lema comercial. Argentina ejercita el derecho y la libertad, respetando por igual a todos los pueblos de la Tierra, y, en consecuencia, exige para sí igual tratamiento.
Los 21 cañonazos que en el siglo pasado señalaron la hora en que Argentina izó su pabellón en Puerto Soledad en acto de ejercicio de plena soberanía, resuenan nuevamente para anunciar al mundo que en esta hora ha comenzado otra reconquista, como en 1807.
En consecuencia, como ciudadano, he podido, por mi y ante el mundo, descender en territorio nacional para ratificar la soberanía argentina en el archipiélago y reiterarle al representante del gobierno usurpador inglés que “no hemos sido ni seremos un país de conquistadores, pero tampoco aceptamos que se nos pretenda conquistar”, como bien lo ratificara el canciller de mi país, en agosto último. Con igual título acabo de enarbolar en esta isla de la Soledad, integrante del archipiélago, mi pabellón celeste y blanco.
Esta actitud personal, que interprete los sentimientos y la vocación del pueblo argentino, coincide con la decisión de la Organización de las Naciones Unidas, de considerar en el más alto tribunal internacional las legítimas reivindicaciones de mi Patria sobre el territorio Malvinico.”
EN ESTE PRIMER MINUTO DE LA RECONQUISTA DE MALVINAS. 
8 de Setiembre de 1964.
MIGUEL L. FITZ GERALD.

Luego, Gleadell dispuso que el documento y nuestra bandera fueran colocados en el museo local, con un cartel que decía en inglés “Esta bandera fue plantada en el hipódromo de Stanley por Miguel Fitzgerald, quien aterrizó en él con un avión a las 13:10 hs del 8 de septiembre de 1964.”

Siguiendo las normas diplomáticas, hubo una protesta británica, y la correspondiente respuesta argentina y el asunto fue dado por terminado.

En cuanto a Miguel, cuando volvió aterrizar en Río Gallegos se le aplicó una sanción por haber confeccionado un plan de vuelo ficticio. La indomable sangre irlandesa de Fitzgerald y el coraje demostrado fuera suficiente para que repitiera el vuelo a Malvinas cuatro años más tarde, esta vez en un avión bimotor Aero Commander.

Alejandro Betts;  es cuarta generación de isleños nacidos en las Islas Malvinas, es fueguino y tiene documento argentino. Es veterano de la guerra de 1982 y peticionante ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas en defensa de los derechos soberanos de la Argentina sobre las Islas Malvinas. Es miembro de la Fundación Malvinas y asesor técnico del Observatorio Malvinas de Tierra del Fuego. Nació en Malvinas el 28 de octubre de 1947 y vive en Agua de Oro, Provincia de Córdoba.