#NoAlParaguasdeSoberaníaAlejandro BettsDestacadoFUNDAMENTOS JURÍDICOSMALVINASNACIONALES

Desde el General Lanusse a los presidentes Carlos Menem y Mauricio Macri: ¿QUÉ ES Y PARA QUE HA SERVIDO EL «PARAGUAS DE SOBERANÍA»?

* Alejandro Betts

El acuerdo conocido como «Paraguas de Soberanía» se estableció entre Argentina y el Reino Unido en relación con la cuestión Malvinas y tuvo su debut con el gobierno de facto, del general Alejandro Agustín Lanusse, quien utilizó esa cláusula en el acuerdo de comunicaciones de 1971. Luego, fue incorporado a las declaraciones conjuntas del 19 de octubre de 1989 y febrero de 1990 en Madrid, y consistió en la expresa declaración de que ninguna de las negociaciones que demandaran los Tratados de Madrid ni sus resultados, serían interpretados como un cambio o un fundamento tendiente a cambiar el estatus quo sobre la soberanía y la jurisdicción de las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y sus espacios marítimos circundantes. Es decir que esa fórmula del «Paraguas de soberanía» del 71, fueron considerados como el primer paso concreto de la política exterior de la Administración del presidente Menem con respecto a Malvinas.

Sin embargo, en la práctica, el “Paraguas de Soberanía” de Menem, permitió que Gran Bretaña avanzara en actividades de pesca y exploración petrolera, sin que Argentina pudiera evitarlo. He aquí la diferencia sustancial con la aplicación posterior del “Paraguas de Soberanía”, dado en 1971, nunca se quitó la cuestión de la soberanía de la mesa.

A las pruebas me remito. El 26 de abril de 1977, los gobiernos argentino y británico alcanzaron un acuerdo sobre los términos de referencia para las negociaciones sobre la disputa acerca de las Islas Malvinas, de la siguiente forma:

«Los gobiernos de la República Argentina y del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte han acordado mantener negociaciones, las que se referirán a las futuras relaciones políticas, incluyendo soberanía, con relación a las Islas Malvinas, las Georgias del Sur y las Sándwich del Sur y a la cooperación económica con respecto a dichos territorios en particular y al Atlántico Sud occidental en general. En estas negociaciones serán tratadas las cuestiones que afectan el futuro de las Islas y las negociaciones se dirigirán a la elaboración de la solución pacífica a la disputa existente entre los dos estados sobre soberanía y el establecimiento de un marco para la cooperación económica argentino-británica, la que contribuirá substancialmente al desarrollo de las islas y de la región en general»

En cambio, en la declaración firmada por Menem, los dos Gobiernos acordaron cooperar a fin de alentar actividades costa afuera en el Atlántico Sudoccidental”. Esa declaración argentino-británica, del menemismo, estipulaba que la exploración y explotación costa afuera de hidrocarburos por industrias petroleras o gasíferas será llevada a cabo de acuerdo con sólidos criterios comerciales y la aplicación de correctas prácticas conforme a los usos de la industria petrolera, tomando en cuenta las respectivas experiencias de los Gobiernos en el Atlántico Sudoccidental y en el Mar del Norte”.

Es decir, con otras palabras, en ese entonces, “…se acordó adoptar las medidas apropiadas para remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos…”, como 26 años después quedó redactado en la declaración conjunta Foradori-Duncan de septiembre de 2016.


Tales acuerdos de 1989 y 90 fueron ratificados en la Quinta Reunión del Grupo de Trabajo Argentino-Británico sobre Asuntos del Atlántico Sur, celebrada en Londres del 10 al 12 de junio de 1991. En ese marco, se restablecieron las relaciones con Gran Bretaña, se convino una «cláusula de salvaguardia de soberanía» (el paraguas) en la que se estableció que las negociaciones que se hicieron con tal fin y las que se podrían hacer sobre otros temas de interés común (como fueron las del petróleo y de la pesca) «no invalidan ni modifican las posiciones de principios de las partes», es decir, no alteran las pretensiones respectivas de soberanía sobre las Malvinas.

De todo lo anterior, está claro que la figura del “Paraguas de soberanía” congeló indefinidamente las negociaciones bilaterales por la soberanía, creando un estatus quo perenne cuyos únicos beneficiarios son el gobierno de Londres y sus ciudadanos en ocupación en Malvinas. A través de él se han avanzado con hechos unilaterales en la exploración y la explotación de los recursos naturales en los autoproclamados espacios marítimos de exclusión económica en torno de Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur.

En ningún momento desde la introducción de la cláusula del “Paraguas de Soberanía” de 1989, se acordaron medias bajo ninguna fórmula que permitiese la administración conjunta de esos recursos vivos y minerales de los espacios marítimos circundantes a los mencionados archipiélagos sujetos de la disputa bilateral.

Vale entonces preguntarse aquí, si mantener una figura que en la práctica solo resuelve todos los problemas de la contraparte británica, sin ningún beneficio sustancial para nuestro país (como en el pasado), romperá la recalcitrante intransigencia británica.

Los hechos, hasta ahora, demuestran que no. Y van por más. Por ello, mantener el “Paraguas de Soberanía” vigente es totalmente contraproducente para la Causa y Cuestión de las Malvinas.

* Alejandro Betts; es cuarta generación de isleños nacidos en las Islas Malvinas, es fueguino y tiene documento argentino. Es veterano de la guerra de 1982, peticionante ante el Comité de Descolonización de las Naciones Unidas en defensa de los derechos soberanos de la Argentina sobre las Islas Malvinas y asesor técnico del Observatorio Malvinas de Tierra del Fuego. Nació en Malvinas el 28 de octubre de 1947 y vive en Agua de Oro, Provincia de Córdoba.