La geopolítica del Atlántico Sur ha vuelto a su cauce histórico en cuestión de horas. Aquella amenaza filtrada desde el Pentágono, que sugería que Donald Trump podría retirar el apoyo a la soberanía británica sobre las Islas Malvinas como castigo por la tibieza del Primer Ministro británico Keir Starmer ante Irán, se ha disuelto en el mismo momento en que el Rey Carlos III pisó de la Casa Blanca.
Donald Trump: "La revolución angloamericana por la libertad humana nunca se extinguió; es un fuego que iluminó el mundo entero y que Roosevelt y Churchill mantuvieron vivo en los momentos más oscuros".
La visita de Estado del monarca, no solo ha servido para celebrar el 250° aniversario de la independencia estadounidense; ha funcionado como una magistral operación de "limpieza diplomática".
De la "Herramienta de Presión" a la "Amistad Eterna"
Hace apenas unos días, el mundo hablaba de una ruptura sin precedentes entre Washington y Londres. Trump, enfurecido por la negativa británica de ceder sus bases para bombardear Irán, amagaba con golpear donde más le duele al Reino Unido: su orgullo imperial. Pero la diplomacia de la corona británica demostró ser más resiliente que la política transaccional de la Casa Blanca.
En un discurso cargado de simbolismo, Trump olvidó las ofensas a Starmer y declaró: "Los estadounidenses no han tenido amigos más cercanos que los británicos". La referencia al encuentro entre Churchill y Roosevelt no fue casual; fue el recordatorio de que, más allá de quién ocupe el 10 de Downing Street, el eje angloamericano es el diseño maestro del orden occidental.
La predicción de Bonomi: La unidad de los imperios
Este giro confirma la tesis del Licenciado Bruno Bonomi: la solidaridad en la alta política no existe, pero los intereses estructurales sí. El "imperio viejo" (Gran Bretaña) y el "nuevo" (EE. UU.) pueden tener desacuerdos tácticos sobre Irán o Ucrania, pero su unidad en materia de defensa atlántica es innegociable.
Rey Carlos III: "Teniendo presente el espíritu de 1776, tal vez podamos coincidir en que no siempre estamos de acuerdo, ¡al menos en primera instancia! Pero los amigos pueden discrepar sin que ello rompa los lazos inquebrantables que los unen".
Bonomi advirtió que esperar que la Doctrina Monroe operara a favor de la Argentina era una trampa. Los hechos le dan la razón: Malvinas fue solo un "rehén temporal" en una negociación mayor. Una vez que el Rey Carlos III reafirmó el compromiso británico de aumentar el gasto en defensa y recordó que han estado "hombro con hombro" durante un siglo, el interés por el reclamo argentino desapareció de la agenda de Trump.
La ironía de los "Dos Reyes"
La jornada dejó momentos de una ironía histórica punzante. Mientras Carlos III recordaba sutilmente en el Congreso que la democracia depende de normas y no de voluntades imperiales, Trump se dejaba fotografiar bajo el lema "Dos Reyes".
Rey Carlos III: "Inmediatamente después del 11-S, respondimos juntos al llamado. Hemos estado hombro con hombro a través de dos guerras mundiales y la Guerra Fría. Esa unidad es, y será siempre, inquebrantable".
Incluso el regalo del monarca fue un mensaje: la campana del HMS Trump, un submarino de la Segunda Guerra Mundial. Un recordatorio de que, cuando las papas queman, Londres y Washington comparten el mismo sonar.
¿Dónde queda Argentina?
Para el gobierno de Javier Milei -como le sucedió a la dictadura de Leopoldo Fortunato Galtieri en 1982-, la lección es dura. El alineamiento total con Trump no garantizó que la Casa Blanca sostuviera la presión sobre Londres. Una vez más, Malvinas fue utilizada como una ficha de cambio en una partida donde Argentina no estaba sentada a la mesa.
La soberanía, como adviertió Bonomi, no puede depender de los humores de Washington, especialmente cuando estos cambian al ritmo de un desfile de 21 cañonazos y un té privado en el Salón Oval.