La confirmación operativa del puente logístico entre Chile y las Islas Malvinas terminó con las especulaciones técnicas. En declaraciones a Portal Portuario difundidas por Meganoticias, el gerente comercial de Easter Island Naviera, Luis Cisternas, ratificó que el primer viaje zarpará en los primeros días de diciembre de 2026. La travesía se concretará vía Estrecho de Magallanes a bordo del buque de carga Danstar, una nave de bandera chilena de 72 metros de eslora apta para contenedores y cargas fraccionadas.

Lejos de mostrar cautela ante el reclamo de Buenos Aires y el avance de las denuncias por el proyecto petrolero Sea Lion, la empresa desestimó de plano el marco legal argentino. Cisternas fue tajante: "No tenemos que coordinar nada con las autoridades argentinas. Es un negocio entre privados para el abastecimiento insular a una comunidad. Es lo mismo que hacemos nosotros actualmente con Rapa Nui".
Para justificar la operatoria, el directivo recurrió al argumento del doble estándar regional: "No deberíamos tener ningún problema (...). De hecho, actualmente las islas se abastecen desde Montevideo, que está cerca de Buenos Aires, y no tienen problemas". La naviera expone así la inacción histórica frente al puerto uruguayo para legitimar su propia incursión.
Sin embargo, el escenario dista de ser un simple trámite comercial privado. La postura de la naviera colisiona de frente con el Decreto PEN 256/2010, que exige autorización previa del Estado argentino a todo buque que pretenda navegar entre el continente y las islas o atravesar aguas jurisdiccionales con ese destino. El antecedente de abril de 2024 —cuando la Prefectura Naval Argentina interceptó un remolcador del Grupo Ultramar que asistía a un pesquero en el área en litigio— marca el riesgo operativo que enfrentará el Danstar al salir a la boca oriental del Estrecho.
A esto se suma la intimación que el CECIM La Plata cursó a la Cancillería para aplicar de inmediato las sanciones de la Ley 26.659 y el Decreto 868/2026 contra Easter Island, inhabilitando a sus directivos y contratistas. Pese a que el canciller Pablo Quirno intentó minimizar el conflicto tildándolo de "asunto municipal", la naviera chilena ya puso fecha, buque y bandera para desafiar abiertamente la soberanía argentina en el Atlántico Sur.