La Ley de Promoción Económica y Fiscal, 19.640; no fue concebida en 1972 como un simple beneficio contable para balances privados; fue una decisión estratégica de Estado. El objetivo era claro: poblar el extremo sur, consolidar la presencia argentina frente a las pretensiones coloniales en el Atlántico Sur y generar un polo de desarrollo que sirviera de escudo soberano en la provincia más austral.
Hoy, ese "contrato" entre el Pueblo Argentino (que resigna recaudación fiscal para sostener el régimen) y el sector empresario, está siendo roto de manera unilateral y silenciosa. El caso del Grupo Mirgor, expuesto recientemente por el portal Polo Sur, es el síntoma más alarmante de un proceso de vaciamiento territorial.
De plataforma soberana a la "vaca lechera" corporativa
Los datos son irrefutables: en 2018, el régimen fueguino representaba el 85% de los ingresos de Mirgor. En 2024, esa cifra cayó a menos del 45%. Mientras la empresa utiliza los beneficios fiscales de Tierra del Fuego para acumular capital, esos mismos recursos —que deberían reinvertirse en infraestructura local, como el postergado puerto de Río Grande— terminan financiando plantas en Baradero, sociedades en Uruguay o hubs logísticos en Miami.
Queda claro que esto no es solo un movimiento financiero "exitoso"; es una forma en términos estratégicos, parte de la “desmalvinización económica.”
Si el capital generado bajo el amparo de la soberanía argentina en la isla grande se fuga hacia otras latitudes, el sentido geopolítico de la Ley 19.640 se desvirtúa por completo.
Ganancias privadas con el esfuerzo nacional
El esfuerzo de los 200.000 argentinos que habitan la provincia, soportando las inclemencias y la lejanía para hacer patria, no puede ser el combustible para que una corporación se "independice" del territorio que la hizo grande.

Cuando Mirgor reduce costos laborales y precariza el empleo local, luego de haber obtenido dividendos multimillonarios mientras la infraestructura fueguina sigue esperando -como es la inexistente obra portuaria de Río Grande que se comprometió a encarar- y desplaza su centro de gravedad fuera de la provincia; está, en la práctica, debilitando la posición argentina en el Sur. Una Tierra del Fuego sin industria fuerte, sin reinversión y con una población estancada por la falta de horizontes es una provincia vulnerable.
La necesidad de un régimen con compromiso territorial
Es hora de que la política nacional y fueguina deje de evitar el debate incómodo. El subrégimen industrial no puede ser un cheque en blanco. Si la justificación del régimen es la soberanía y el poblamiento, la contrapartida debe ser la reinversión obligatoria en el territorio.
No se trata de atacar el crecimiento empresario, sino de exigir lealtad hacia la Nación que le otorgó condiciones excepcionales para producir. El "vaciamiento silencioso" de Mirgor es un llamado de atención: o alineamos los intereses de las empresas con los intereses de la soberanía nacional, o terminaremos viendo cómo el esfuerzo de todo un país solo sirve para engrosar cuentas en el exterior, dejando a la provincia bi-continental como una cáscara vacía en un enclave estratégico que no admite debilidades.
La soberanía se defiende con el territorio, con la gente y, fundamentalmente, con el capital arraigado al suelo que lo genera.