En una reciente entrevista en Playbook, que enciende alarmas en el arco político y en las organizaciones de veteranos de guerra, Rafael Grossi, actual titular del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) y aspirante a la Secretaría General de las Naciones Unidas, lanzó una frase que caló hondo: "Desmalvinicemos la cosa".
"Mi abordaje como secretario general de la ONU a la cuestión Malvinas sería de total imparcialidad"
— Corta (@somoscorta) May 16, 2026
Rafael Grossi destacó que cuando uno asume el rol "es el secretario de todos", dijo que no cree que haya problemas con Gran Bretaña y señaló: "Hay que sobrevolar esas cuestiones". pic.twitter.com/l7rZQGwluN
Bajo la premisa de mostrar una "imparcialidad total" ante Gran Bretaña para pavimentar su camino hacia la conducción de la ONU, Grossi no solo utilizó un término cargado de simbolismo negativo para la sociedad argentina, sino que sugirió que la disputa de soberanía por las Islas Malvinas es un escollo que debe ser "sobrevolado".
El retorno de un término sombrío
Para el pueblo argentino, y especialmente para los excombatientes, la palabra "desmalvinización" no es un neologismo diplomático. Es el nombre de la política de olvido y desprecio que imperó tras el conflicto de 1982. Fue la herramienta para ocultar a los soldados que regresaban al continente y para intentar desprender la causa Malvinas del sentimiento nacional y del mandato constitucional.
Que un diplomático argentino, con intenciones de presidir el máximo organismo multilateral del mundo, recurra a este concepto para "dar garantías" a la potencia ocupante, representa un retroceso de décadas en la lucha por el reconocimiento de los derechos soberanos en el Atlántico Sur.
El rechazo desde la Capital Nacional de la Vigilia
Las repercusiones en la provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur no se hicieron esperar. El intendente de Río Grande, Martín Pérez, fue tajante al calificar a Grossi como un "candidato de bajo vuelo" y contrario a los intereses nacionales.
“Desmalvinicemos la cosa”
— Martín Perez (@MartinPerezTDF) May 17, 2026
El gobierno nacional apoya para secretario de la ONU a Rafael Grossi, un candidato que tiene cero interés en dar la pelea diplomática por nuestras islas Malvinas.
Dice que este tema clave de nuestras relaciones exteriores hay que “sobrevolarlo”… pic.twitter.com/WVOyXycPEc
"Dice que este tema clave de nuestras relaciones exteriores hay que 'sobrevolarlo' mientras se esfuerza por quedar bien con el Reino Unido", fustigó el jefe comunal a través de sus redes sociales, marcando la contradicción de que el Gobierno Nacional apoye a un candidato que propone restar interés a la Cuestión Malvinas.
¿Imparcialidad o renuncia?
Si bien el Secretario General de la ONU debe actuar como un mediador neutral, su rol está atado a las resoluciones de la Asamblea General. La Resolución 2065/XX y sus sucesivas, reconocen la existencia de una disputa de soberanía y una situación colonial que debe resolverse mediante el diálogo.
La postura de Grossi de "desmalvinizar" la agenda de la ONU no es un gesto de neutralidad, sino una señal de complacencia hacia Londres. Al proponer "sobrevolar" el conflicto, Grossi está ignorando que las Naciones Unidas son, precisamente, el foro donde Argentina debe batallar cada centímetro de su legitimidad jurídica frente al colonialismo británico.
Un agravio a la memoria
Para los veteranos de guerra, estas expresiones son innecesarias e irrespetuosas. No se puede "desmalvinizar" una Nación que vive la usurpación en carne propia, ni una provincia que tiene una herida abierta dentro de su propia jurisdicción.
La aspiración personal de un funcionario a un cargo global no puede estar por encima de la política de Estado, ni del respeto a quienes entregaron su vida por la integridad territorial. Malvinas no es una "cosa" que se pueda despojar de su esencia; es una Causa que define nuestra identidad y también nuestra proyección hacia la Antártida.