Mientras la justicia fueguina avanzó en la nulidad de la inscripción de LeoLabs Argentina S.R.L., nuevos documentos provenientes del hemisferio norte terminan de exponer la verdadera naturaleza de la estación instalada en la estancia "El Relincho". Un informe oficial de las Fuerzas Espaciales de EE. UU., publicado a fines de febrero de 2026 y reproducido por LeoLabs Inc., detalla cómo el escuadrón Southern Guardians colabora estrechamente con la industria comercial para expandir su vigilancia sobre el hemisferio occidental.
Datos comerciales para misiones militares
El informe, firmado por la sargento Abbey Rieves, relata la visita de mandos militares a instalaciones de radar comerciales similares a la de Tolhuin. Las declaraciones del Capitán Justin Lee, enlace del Comando de Sistemas Espaciales, no dejan lugar a dudas: «La industria privada puede proporcionar acceso a datos de ubicaciones estratégicamente valiosas en todo el mundo».
Esta "integración" permite a la Fuerza Espacial de EE. UU y también a la de Gran Bretaña, mejorar la superioridad espacial mediante el uso de tecnologías del sector privado, identificar sistemas y funciones de satélites extranjeros y evaluar riesgos para activos estadounidenses y británicos en órbita; y obtener información en lugares que, para el estamento militar, son actualmente "inaccesibles".
La "Cúpula Dorada" y la integración con Argentina
La relación de LeoLabs con la industria armamentística no es nueva. Como hemos informado en Agenda Malvinas, la empresa ha sido parte de convocatorias estratégicas de la gestión de Donald Trump, para integrar sistemas de defensa contra misiles.
El informe oficial menciona además que Estados Unidos está suministrando telescopios ópticos a países como Argentina, Brasil y Chile bajo el pretexto de "fortalecer capacidades regionales". Sin embargo, el texto aclara que el beneficio real para EE. UU. es la información recopilada en estas tierras. En este esquema, el radar de LeoLabs en Tolhuin permite un nodo crítico de datos que fluyen directamente hacia el comando militar estadounidense y británico por igual.
El radar que "no funcionaba"
Frente a la "buena fe" mencionada por el juez González respecto a la inactividad del radar, este documento militar estadounidense describe una realidad operativa agresiva. Si la Fuerza Espacial de EE. UU. y Reino Unido buscan "expandir globalmente" su tecnología hacia nuestra región, la permanencia de LeoLabs en el corazón de la Isla Grande de Tierra del Fuego no es un error administrativo, sino una decisión geopolítica de Washington y Londres, y una demostración de sumisión absoluta de los gobiernos de Alberto Fernández y Gustavo Melella, cuando en 2022 permitieron la instalación del campo de antenas que constituye el radar.
El fin de la máscara civil
Este reporte oficial de la Fuerza Aérea del Sur (AFSOUTH) es la prueba definitiva. LeoLabs no fabrica zapatos, ni hace ciencia astronómica desinteresada; provee los ojos con los que las potencias del norte vigilen el Atlántico Sur y la Antártida.
Con la nulidad de la empresa dictada por la justicia provincial y la confirmación del Pentágono sobre el uso militar de estos datos, ya no quedan excusas. El desarme del radar no es solo una cuestión de ordenanzas municipales, es el acto de defensa soberana más urgente de nuestra historia reciente.
Lo que dice el documento de la Fuerza Espacial (SPACEFOR-SOUTH):
- Objetivo: Lograr la "superioridad espacial" mediante la integración con radares comerciales.
- Interés Estratégico: Acceder a datos de ubicaciones mundiales que son "inaccesibles" para el ejército.
- Misión: Seguimiento de satélites, identificación de funciones y evaluación de riesgos bélicos en órbita.
- Alcance: Expansión hacia el hemisferio occidental como prioridad de mando y control.
El "Eje Anglo-Norteamericano" en el Corazón de la Isla
La vinculación de LeoLabs con el complejo militar de los Estados Unidos, recientemente confirmada por la SPACEFOR-SOUTH, es solo una cara de la moneda. Agenda Malvinas ha documentado de manera pormenorizada que la firma también mantiene contratos estratégicos con el Departamento de Asuntos Espaciales y el Ministerio de Defensa del Reino Unido.
Esta doble dependencia no es menor. Aunque por estas horas existan tensiones políticas coyunturales entre los liderazgos actuales de ambos países, la cooperación en materia de inteligencia y defensa espacial es histórica y estructural. El radar de Tolhuin, inscripto bajo filiales radicadas en Londres y Dublín, funciona como un puente de datos para ambas potencias, consolidando en suelo argentino una infraestructura que sirve a los intereses de la OTAN en el Atlántico Sur.
La amenaza latente
LeoLabs no solo responde a las necesidades de la Fuerza Espacial de EE. UU. para su "superioridad espacial", sino que es un contratista activo del Reino Unido. De la misma potencia que usurpa nuestras Islas Malvinas.
La presencia de un radar con estas conexiones en Tierra del Fuego significa, en la práctica, ceder el control de nuestro espectro radioeléctrico y espacial a los dos principales actores militares del hemisferio norte. Por lo tanto, la nulidad de la inscripción societaria dictada por la justicia fueguina cobra aún más relevancia al entender que detrás de esa fachada administrativa se esconden acuerdos de defensa de nivel global que afectan directamente nuestra soberanía.
Permitir que LeoLabs se quede en Tolhuin, es permitir que el Reino Unido y los Estados Unidos tengan una estación de monitoreo militar conjunta en el corazón de la provincia que tiene a las Malvinas bajo su jurisdicción.