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El costo de una medalla: Correr sin bandera en la maratón del usurpador de Malvinas

La argentina Candela Cerrone, ganó el STANLEY MARATHON del STANDARD CHARTERED BANK y aunque el triunfo se lo dedicó a los caídos en la guerra de 1982, no pudo correr con los colores de nuestra bandera.

9 de marzo de 2026 15:00

Con un tiempo de 3 horas y 15 minutos, Candela Cerrone triunfó en los 42 kilómentros del maratón.

Mientras los primeros titulares de la prensa nacional presentan hoy el triunfo de una atleta argentina en los “42K de Malvinas”, el análisis de fondo revela una realidad mucho más amarga. Detrás de los 3 horas y 15 minutos de Candela Cerrone y su emotiva dedicatoria a los caídos, se esconde una maquinaria de precisión diseñada por el colonialismo británico para normalizar la usurpación a través del deporte, el silencio y, sobre todo, el flujo de divisas.

La humillación bajo el cronómetro

El diario El Litoral lo admite casi de pasada: para poder participar, la atleta argentina debió aceptar las "normativas locales" y competir sin insignias nacionales en su indumentaria.

Este no es un detalle menor ni una cuestión de etiqueta deportiva. Es una capitulación simbólica. Resulta una paradoja dolorosa que se pretenda homenajear a quienes dieron su vida por la bandera en 1982, aceptando la imposición del usurpador de ocultar esa misma bandera para poder correr sobre el suelo que ellos defendieron. En la Standard Chartered Stanley Marathon, el sentimiento patriótico se permite solo como un murmullo al cruzar la meta, pero la identidad nacional debe ser guardada en la valija al ingresar con pasaporte extranjero.

 

 

"Por los caídos, por los veteranos, por los tenientes, por todos los que estuvieron acá", manifestó Cerrone metros antes de llegar a la meta final.

 

El Standard Chartered: El ganador invisible

Mientras la atención pública se centra en el podio, el verdadero vencedor de la jornada fue el Standard Chartered Bank. Este banco no es un auspiciante inocente; es el corazón financiero de la colonia y el administrador de la riqueza robada a la República Argentina.

Por cada inscripción pagada en libras esterlinas, por cada noche de hotel y por cada souvenir comprado por los atletas argentinos, el sistema financiero que sostiene la ocupación se fortalece. Las ganancias obtenidas ayer por el banco y el comercio colonial no son solo comerciales; son dividendos de una estrategia de Soft Power (poder blando) que utiliza el running para "romantizar" el colonialismo.

El Standard Chartered es el mismo que hoy procesa los dividendos de las 250.000 toneladas de pescado saqueadas anualmente y el que ya prepara la ingeniería financiera para el Proyecto Petrolero Sea Lion. Mientras los argentinos corren por la avenida principal de la capital usurpada, el banco cuenta anticipadamente el fluir de regalías que se avecinan, de un petróleo que pertenece a los argentinos.

La trampa de la "Integración"

El relato de algunos medios convencionales presenta el evento como un puente de paz. Sin embargo, no hay paz posible sobre la base del despojo. La participación de atletas argentinos —incluyendo a veteranos de guerra— bajo el nombre colonial de "Stanley Marathon" valida la posición británica de que las islas son un "país extranjero" donde se va a competir en una maratón internacional certificada por la AIMS.

La visita al Cementerio de Darwin, anunciada como el "cierre de un viaje que trascendió lo deportivo", completa el círculo de la desmalvinización: se iguala el sacrificio de los héroes con un tour de superación personal, financiado y organizado por la misma entidad bancaria que sostiene la logística de la Base Militar de Monte Agradable.

¿Se honra a los caídos aceptando las reglas del usurpador? No hay "gesta deportiva" cuando el precio para participar es la invisibilización de la soberanía.

El triunfo de ayer en Puerto Argentino no es un avance en la integración, sino un éxito rotundo de la inteligencia británica: han logrado que los propios argentinos paguemos, corramos y callemos, mientras el Standard Chartered Bank sigue facturando el saqueo de nuestro Atlántico Sur.

 

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