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Reforma Constitucional a presión: Melella acelera la ruptura institucional de Tierra del Fuego

Su ofensiva contra la jueza electoral, el intento de sostener una reforma sin consenso social y el veto a la reciente derogación legislativa, profundizan una crisis provincial inédita.

18 de mayo de 2026 11:56

Este viernes 15 de mayo, el gobernador Gustavo Melella y el Jefe de Gabinete Jorge Canals, vetaron la derogación legislativa a su proyecto de Reforma Constitucional, aprobado por la más amplia mayoria del parlamento fueguino.

La crisis institucional que atraviesa Tierra del Fuego ingresó en una fase todavía más delicada. Ya no se trata únicamente de una discusión jurídica sobre la viabilidad de una reforma constitucional o sobre la interpretación de determinados artículos de la Constitución provincial. Lo que comenzó como un debate político derivó en un escenario de presión abierta sobre el Poder Judicial, cuestionamientos públicos a decisiones jurisdiccionales y un clima de confrontación entre poderes que amenaza con erosionar gravemente la institucionalidad fueguina.

En el centro de la escena quedó la decisión de la jueza electoral Mariel Zanini de no avanzar, por el momento, con el cronograma para la elección de convencionales constituyentes prevista para el 9 agosto. La magistrada resolvió dar intervención al Ministerio Público Fiscal ante la evidente existencia de un conflicto de poderes, luego de que la Legislatura aprobara la derogación del proceso reformista mientras el Ejecutivo insistía en sostenerlo a fuerza de veto y decretos.

La reacción del Gobierno fue inmediata y cada vez más agresiva. Primero aparecieron cuestionamientos técnicos desde el área Legal y Técnica. Luego, el tono escaló con las declaraciones del jefe de Gabinete, Jorge Canals, quien acusó a la magistrada de generar “dilaciones”, de sostener postulados “que uno no comprende” y de impedir deliberadamente el proceso electoral.

Reforma sin consenso y Gobierno a la defensiva

El trasfondo político explica buena parte de la virulencia oficial. La reforma constitucional impulsada por el gobernador Gustavo Melella nunca logró construir legitimidad social. En una provincia golpeada por una de las peores crisis económicas y sociales de los últimos años, con caída del empleo, deterioro salarial y creciente incertidumbre productiva, el intento de modificar la Constitución es percibido por amplios sectores como una prioridad ajena a las demandas reales de la población.

La sospecha de que el verdadero objetivo del oficialismo es habilitar mecanismos de perpetuación política terminó de debilitar el exiguo respaldo público a la iniciativa. En ese contexto, cada obstáculo judicial o legislativo es interpretado por el Ejecutivo como una amenaza para su supervivencia política.

Por eso la ofensiva contra la jueza electoral encendió alarmas incluso dentro del ámbito jurídico. El ex juez electoral Isidoro Aramburu calificó como “gravísimas” las declaraciones de Canals y sostuvo que podrían encuadrarse en delitos penales vinculados con amenazas coactivas o intimidación a la administración pública.

Avasallar límites institucionales

La posición del Ejecutivo exhibe además una contradicción cada vez más evidente. Mientras reclama respeto irrestricto a un fallo del Superior Tribunal que consideraría firme el proceso reformista, descalifica y presiona públicamente a una jueza por adoptar medidas precautorias precisamente frente a un conflicto institucional abierto.

Distintos constitucionalistas sostienen que la decisión de Zanini no constituye una paralización arbitraria, sino una respuesta prudente ante un escenario excepcional: una Legislatura que aprobó la derogación de la convocatoria por amplísima mayoría, un Ejecutivo que veto la decisión legislativa y un proceso electoral atravesado por recursos aún judicializados.

Sin embargo, lejos de descomprimir el conflicto, el oficialismo eligió profundizar la confrontación. La insistencia en avanzar a cualquier costo con una reforma resistida política y socialmente, incluso tensionando los límites con el Poder Judicial, empieza a configurar una dinámica muy peligrosa para el sistema institucional fueguino.

La discusión ya no pasa solamente por la reforma constitucional. Lo que hoy aparece en debate es hasta dónde está dispuesto a avanzar un gobierno acorralado políticamente para sostener un proyecto cuya legitimidad social se erosiona día a día.

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