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The Guardian rompe el dique colonialista y exige devolver las Malvinas

"Ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene el derecho eterno de permanecer como están, menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas en materia de defensa por año". “No pueden ser británicas para siempre”; expresó el diario londinense en un artículo firmado por Simon Jenkins.

17 de julio de 2026 11:20

"La realidad es que estas colonias, inevitablemente, tarde o temprano, se convertirán en parte de sus continentes", razona Simon Jenkins.

El histórico triunfo de la Selección Argentina ante Inglaterra y el posterior despliegue de la bandera soberana en el césped de Atlanta siguen generando réplicas geopolíticas de magnitudes inesperadas. Lejos de quedar sepultado por el llanto de Downing Street y las amenazas de la FIFA, el reclamo argentino caló hondo en el propio corazón del Reino Unido. En una columna que rompe de manera contundente el dique del consenso colonialista británico, el diario londinense The Guardian publicó un artículo firmado por el reconocido periodista Simon Jenkins, donde exige formalmente al gobierno británico reabrir las negociaciones de soberanía con la Argentina, sentenciando: “No pueden ser británicas para siempre”.

 

El sentido común geográfico frente a la terquedad imperial

Bajo la óptica de la autocrítica y el desmantelamiento de los mitos de la era imperial, The Guardian plantea que el debate por el archipiélago debe resolverse por un "sentido común geográfico". Jenkins desarma la falsa épica de la corona y expone las contradicciones de sostener una usurpación ilegal a miles de kilómetros de distancia, argumentando que "ninguno de los territorios de la era imperial británica tiene el derecho eterno de permanecer como están, menos uno que le cuesta a los contribuyentes británicos más de 60 millones de libras esterlinas en materia de defensa por año".

La publicación va directo al hueso del racismo y el oportunismo político de la metrópoli, al desnudar que la protección asimétrica sobre las islas está íntimamente ligada a la inyección de popularidad que la guerra le dio en 1982 a la nefasta administración de Margaret Thatcher, sumado al sesgo supremacista de que los isleños —a diferencia de otras colonias entregadas como Hong Kong o Diego García— son "británicos blancos".

 

El espejo de Gibraltar y las negociaciones congeladas

La columna de The Guardian no surge en el vacío, sino en una semana bisagra para el colonialismo mundial. El artículo resalta que apenas horas antes del partido de fútbol se consolidó un acuerdo histórico entre el Reino Unido y España por la soberanía de Gibraltar, eliminando el enrejado de la frontera física y poniendo fin a décadas de disputa. Frente a esto, el columnista se pregunta abiertamente si es mucho esperar que una negociación similar surja a raíz de la semifinal de Atlanta.

Jenkins recuerda que en la década del '70 el Reino Unido ya negociaba activamente la transferencia de la soberanía a la Argentina, impulsado por los procesos de descolonización de la ONU, logrando lazos estrechos de conectividad, salud y comercio con el continente. Para el analista británico, el conflicto bélico de 1982 rompió esa lógica constructiva, pero de ninguna manera justificaba que Londres congelara toda discusión diplomática por más de 40 años, desestimando de plano el valor legal de referéndums locales montados a la medida de la población implantada.

 

La bandera de Atlanta: un llamado a la acción

El veredicto de la intelectualidad británica que no se arrodilla ante los delirios de grandeza del imperio es categórico: "La realidad es que estas colonias, inevitablemente, tarde o temprano, se convertirán en parte de sus continentes. No pueden ser protegidas indefinidamente por un patrón europeo y los reclamos argentinos no se irán a ningún lado".

Lejos de la indignación hipócrita planteada por los pasquines conservadores como The Sun o el propio Ministerio de Comercio inglés, este sector de la sociedad británica desea explícitamente que el gesto de rebeldía de los jugadores argentinos actúe como un despertador político."Sería gratificante si la bandera de las Malvinas exhibida durante el partido en los Estados Unidos sacudiera a alguien para que pase a la acción", concluye Jenkins.

El dique político y social que sostiene la ocupación ilegal, la usurpación y el saqueo en el Atlántico Sur se está resquebrajando desde adentro. La hinchada, pelota y la dignidad de los jugadores argentinos lograron exponer ante el mundo lo que Londres tanto teme: que la razón geográfica, histórica y el sentido común universal están del lado de la República Argentina. Las Malvinas fueron, son y, como lo admiten sus propios analistas, inevitablemente volverán a ser argentinas.

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