En un rincón de Paraná, Entre Ríos, la idea de "jugar" ha tomado una dimensión profundamente política y humanista. Iván Taylor, director de la editorial El Equipo Azul, no diseñó simplemente un juego de mesa; construyó un puente de cartón y madera que une el continente americano con el Sector Antártico Argentino. Tras años de investigación y una reciente travesía al corazón del permafrost en la Base Marambio, nace "Antártida Argentina: Misión Soberana", una herramienta que busca que las familias argentinas dejen de mirar al Sur como una mancha blanca en el mapa para empezar a sentirlo como parte del propio hogar.
Un tablero para la unión, no para la guerra
A diferencia de los tradicionales juegos de estrategia extranjeros, que suelen basarse en la conquista y el desplazamiento del otro, este proyecto se planta desde una lógica colaborativa. El objetivo del juego es claro: los jugadores deben cooperar para sostener la operatividad de las 13 bases argentinas, gestionar suministros, retirar residuos y relevar al personal.

Aquí, el "enemigo" no es el otro jugador, sino las inclemencias del tiempo y los desafíos logísticos. La victoria solo se alcanza si el Estado —representado por los jugadores— logra cumplir con la campaña antártica. Es una metáfora potente: la soberanía no es un grito solitario, sino un esfuerzo coordinado.
¿Quién es Iván Taylor y por qué lo hace?
Iván Taylor es un entrerriano cuya pasión por la historia y la seguridad industrial lo llevó a cursar diplomaturas sobre Malvinas y el Atlántico Sur. Pero su verdadera motivación es más íntima y humanista. Taylor observa con preocupación cómo la narrativa extranjera suele "vaciar" de identidad argentina nuestros territorios australes.
"Entendemos que el juego es un bien cultural imprescindible para recuperar la fantasía y el imaginario de soberanía", explica Taylor.
Para él, el juego es una trinchera cultural. Lo hace porque está convencido de que "la soberanía no se reclama, se ejerce". Su análisis es simple pero profundo: si no conocemos nuestras bases, si no sabemos qué hace un científico en Marambio o un logístico en Esperanza, difícilmente podamos defender esos derechos ante el mundo. El juego es, entonces, un ejercicio de posesión afectiva.
El destino: de la mesa del comedor al aula
El proyecto está destinado a un público amplio, pero con un foco estratégico: las infancias y las instituciones educativas.
- A las familias: Para que el tema Malvinas y Antártida sea un punto de encuentro generacional, donde abuelos, padres e hijos compartan la experiencia de "ser" antárticos por una tarde.
- A las escuelas: Como una herramienta pedagógica que reemplace la enseñanza estática de los libros por una vivencia dinámica. Taylor busca que los legisladores e instituciones actúen como "padrinos" para que el juego llegue a cada rincón del país.
El alma del proyecto: el homenaje y la identidad
Lo que Taylor busca obtener a través de este juego no es rédito comercial, sino conciencia nacional. El proyecto nació del dolor de ver que no había juegos de Malvinas hechos con nuestra mirada, y se transformó en una alegría colectiva al ser testeado por los propios antárticos en el continente blanco.
El juego es un homenaje a los "pioneros de los hielos" y a las dotaciones actuales. Es una invitación a que cada niño argentino, al mover una pieza sobre el tablero, sienta el mismo orgullo que sintió Iván al bajar del Hércules en Marambio: la certeza de que, aunque parezca otro planeta, sigue siendo Argentina.
Ficha Técnica del Proyecto:
Desarrollo: El Equipo Azul (Paraná, Entre Ríos).
Dirección: Iván Taylor.
Lanzamiento oficial: 10 de junio (Día de la Afirmación de los Derechos Argentinos sobre las Malvinas, Islas y Sector Antártico).
Formato: Juego de estrategia colaborativa para 4 jugadores.