La ciudad de Ushuaia, capital de Malvinas, mira con un pesar hacia las sierras cordobesas, donde el miércoles 4, a los 71 años, falleció Vilma Nattero.
Su nombre, quizás no tan presente en la vida cotidiana de Ushuaia, está sin embargo grabado a fuego en su paisaje urbano identitario y en el corazón de su historia reciente. Nattero fue la artífice, la mentora creativa, del Monumento Nacional a los Caídos en las Islas Malvinas, esa imponente y singular obra que se erige en la plaza homónima, en la intersección de la Pasarela Luis Pedro Fique y la Avenida Maipú, contemplando las frías aguas del Beagle que fluyen hacia el Atlántico Sur.
Oriunda de Buenos Aires pero afincada en Alta Gracia, Córdoba, fue a mediados de los años 90 cuando su vida y su arte se entrelazaron indisolublemente con la causa fueguina.
La iniciativa, gestada desde el Centro de Excombatientes de Ushuaia presidido entonces por el veterano José Cortés, encontró en Nattero a la artista capaz de transformar un anhelo colectivo en formas concretas.
Es uno de pocos monumentos en el País que no posee elementos bélicos. Por el contrario, muestra en su parte inferior; imágenes de soldados desnudos, semienterrados, mutilados, en aflicción y desolación, pero aún así, con la llama eterna en la mano, emblema de una lucha sin fin. En la parte superior, figuras también desnudas de los pueblos originarios que habitaron los territorios australes. En el centro, la silueta enorme, recortada y vacía de las islas Malvinas, símbolo de la perdida de la guerra, permite ver en profundidad las aguas del canal Onachaga, o Canal del Norte en idioma Yagan, rebautizado luego por los ingleses, a principio del siglo XIX, como Canal Beagle.
Bajo el impulso del entonces intendente municipal, Mario Daniele, quien recuerda con orgullo aquella gestión, el proyecto tomó cuerpo. "Vilma fue la artista que supo transformar en obra el sentimiento profundo de todo un pueblo", expresó Daniele, destacando el carácter comunitario de una empresa que se nutrió del esfuerzo de los veteranos, las donaciones vecinales y el trabajo mancomunado del municipio, que construyó la plaza que albergaría la creación.
El proceso fue largo y laborioso. Los primeros bosquejos surgieron en 1987, y el trabajo material se extendió durante años, principalmente en el Centro Polivalente de Artes de Ushuaia.
Finalmente, en la fecha más significativa posible, un 2 de abril de 1994, el mural escultórico central fue inaugurado. No fue el final, sino el comienzo de una consolidación.
La obra, declarada Monumento Nacional en 2001, fue creciendo en componentes y significados: la piedra fundacional, el arco, el homenaje a los héroes del ARA General Belgrano, los escudos provinciales, la llama eterna, la ermita, el cenotafio y, más recientemente, la cápsula del tiempo "Herederos de la causa Malvinas", añadida en 2022. Es, en esencia, una construcción colectiva y viva, un espacio de memoria, homenaje y encuentro.
Al conocerse la noticia de su partida, la bandera de la plaza ondeó a media asta durante toda una jornada, un gesto silencioso y elocuente de duelo.
Desde la agrupación Veteranos de Guerra de Malvinas se destacó que Nattero dejó "un mojón de Soberanía allí donde nace el canal de Beagle".
Su legado es, efectivamente, imborrable. Vilma Nattero ya no está, pero su obra permanece, erguida y desafiante frente al viento austral. En cada placa, en cada forma del bronce, en cada visita silenciosa de un ciudadano o de un familiar de un héroe, allí perdura su huella: la de una artista que supo dar forma material al sentimiento más arraigado de un pueblo, solidificando en el paisaje austral la memoria, el reclamo y el reconocimiento eterno.