La mayor concentración privada de tierras de la República Argentina cambió de manos en una operación de alto impacto geopolítico y económico. El grupo italiano Benetton (Edizione Holding) selló su salida definitiva del agro nacional tras 35 años al vender el 100% del paquete accionario de la Compañía de Tierras Sud Argentino (CTSA) y de Ganadera Cóndor. El traspaso comprende más de 900.000 hectáreas estratégicas distribuidas en cuatro provincias: Santa Cruz (60%), Chubut (33%), Río Negro (5%) y Buenos Aires (2%).
La adquisición no fue efectuada de forma corporativa por la empresa agroindustrial Adecoagro, sino formalmente "a título personal" por un consorcio integrado por sus principales directores y socios, liderado por su CEO y presidente, Mariano Bosch, junto a empresarios internacionales como el uruguayo Juan Sartori y Kyril Louis-Dreyfus. En el plano operativo local se ratificó la continuidad de Agustín Dranovsky como director ejecutivo de CTSA.
La dimensión productiva del activo involucra más de 300.000 cabezas de ganado (260.000 ovinos y 22.000 vacunos), la producción de un millón de kilos anuales de lana, 10.000 hectáreas forestadas con pinos y el frigorífico de exportación Faimali en Río Gallegos, con capacidad para procesar 2.500 corderos y liebres al día.
La sombra de Tether y el entorno de la Casa Blanca
Aunque la compra se canalizó a través de directivos individuales para evitar que figure una persona jurídica extranjera de forma directa, la operación queda inmediatamente enlazada con la arquitectura global de Tether Holdings, la firma emisora de USDT, la mayor moneda digital estable del planeta.
En abril de 2025, Tether tomó el control mayoritario de Adecoagro con una inversión inicial superior a los 615 millones de dólares, escalando su participación accionaria hasta alcanzar cerca del 74,7% del capital de la agroindustrial. La empresa conducida por Paolo Ardoino y Giancarlo Devasini viene ejecutando una agresiva migración de sus colosales excedentes de liquidez digital hacia activos de la economía real: agro, energía, fertilizantes (a través del control de Profertil adquirido junto a ACA en 2025) y plataformas tecnológicas argentinas como Ualá, Mural y Belo.
El entramado financiero incorpora además ramificaciones políticas directas en Washington. En marzo de 2026, investigaciones periodísticas de Bloomberg revelaron que Tether otorgó un préstamo millonario bajo condiciones reservadas a Dynasty Trust A, el fideicomiso familiar de los hijos de Howard Lutnick, actual Secretario de Comercio de los Estados Unidos en la administración de Donald Trump. Lutnick dirigió durante más de tres décadas Cantor Fitzgerald, la firma de Wall Street encargada de custodiar y administrar gran parte de los bonos del Tesoro norteamericano que respaldan las reservas de la criptomoneda USDT, vínculo que derivó en pedidos de informes de los senadores demócratas Elizabeth Warren y Ron Wyden por severos conflictos de interés.
¿Por qué vende Benetton y por qué compran ahora?
La salida de los italianos y la entrada del capital vinculado a las finanzas digitales abre lecturas convergentes sobre el momento en que se concreta la operación:
1. El agotamiento del ciclo textil tradicional: Durante más de tres décadas, las estancias patagónicas operaron como proveedoras de insumos primarios para United Colors of Benetton. Con el repliegue del negocio textil del grupo Edizione y la acumulación de conflictos territoriales y demandas judiciales históricas impulsadas por comunidades mapuches (como el caso emblemático de Santa Rosa Leleque en Chubut iniciado en 2002), el holding resolvió liquidar una posición lejana que ya no encajaba en su estrategia de activos globales.
2. La ventana de la Ley de Tierras y la ofensiva sobre los recursos: La transacción se produce en un escenario de extrema inestabilidad jurídica. Luego de que el Congreso frenara el intento del gobierno de Javier Milei de liberalizar la compra de suelo y tras la restitución cautelar de los límites de la Ley 26.737 dictada por la Corte Suprema el 9 de octubre de 2026, la utilización de directivos y accionistas locales aparece como el mecanismo predilecto para consolidar el control sobre vastas extensiones geográficas sin colisionar frontalmente con las restricciones a personas jurídicas extranjeras.
3. Energía, agua y centros de datos para Inteligencia Artificial: Si bien no existen elementos documentales que liguen de forma directa las estancias de CTSA a desarrollos de procesamiento de datos, la adquisición coincide temporalmente con la ofensiva de la Casa Rosada por reconvertir a la Patagonia en un polo receptor de megacentros de datos de IA y proyectos energéticos como Stargate Argentina. Estas infraestructuras no requieren campos fértiles, sino extensiones remotas, clima frío para disipar calor, acceso a enormes reservas de agua dulce para refrigeración industrial y servidumbres de paso energético, atributos que este latifundio concentra a lo largo de la cordillera y la meseta.
La persistencia del latifundio patagónico
La transferencia de CTSA reproduce una línea histórica de continuidad en la concentración del suelo austral que comenzó en 1889 con la británica The Argentine Southern Land Company, beneficiaria de concesiones estatales vinculadas al Ferrocarril Central del Chubut. Pasó por manos de inversores locales en los años setenta, fue transferida a Benetton en 1991 durante las desregulaciones del menemismo y muta ahora hacia magnates vinculados al ecosistema cripto y el trading agropecuario global.
El cambio de nombres en la cúspide societaria no altera la deuda de fondo: casi un millón de hectáreas cargadas de agua dulce, minerales, bosques nativos y corredores bioceánicos continúan bajo un régimen de propiedad concentrada que condiciona la soberanía territorial y el desarrollo demográfico de la Patagonia. La pregunta que sobrevuela la venta no es solo qué vio Benetton para marcharse, sino qué proyectan edificar sobre el suelo patagónico quienes manejan los flujos invisibles de las finanzas digitales globales.