
El proceso de desmalvinización y desarticulación del Estado argentino ha alcanzado un punto de no retorno. Lo que en septiembre de 2025 denunciamos en este portal como un “éxodo masivo” por razones económicas, hoy ha mutado en una tragedia humanitaria. La seguidilla de muertes y presuntos suicidios de efectivos del Ejército y Gendarmería —cinco casos en apenas un mes— no son hechos aislados: son el síntoma terminal de una institución quebrada por la miseria salarial, la pérdida de sentido estratégico y el abandono estatal.
Un diciembre y enero trágicos: el costo de la desidia
Desde mediados de diciembre de 2025 hasta este 16 de enero de 2026, la familia militar argentina ha sido sacudida por una frecuencia de decesos que no tiene precedentes en tiempos de paz.
- Olivos: El 16 de diciembre, Rodrigo Andrés Gómez fue hallado sin vida en la Quinta Presidencial.
- Santiago del Estero: El gendarme Diego Matías Kalilec, de solo 21 años, fue encontrado muerto en su vivienda alquilada.
- Monte Caseros: El suboficial principal Juan Pereira, un veterano con 28 años de servicio, apareció muerto en su propio cuartel.
- Mendoza: El soldado voluntario Facundo Gabriel Lima se quitó la vida mientras atravesaba una licencia psiquiátrica.
- Quilmes: El caso más reciente (aún no se ha dado su nombre), el de un soldado del Centro Recreativo “Héroes de Malvinas”, cierra —por ahora— una lista que el Ministerio de Defensa intenta contener con protocolos de salud mental que llegan tarde y sin presupuesto.
El diagnóstico de septiembre: La base de la tragedia
En nuestra investigación anterior, Agenda Malvinas advertía que más de 15.000 efectivos habían abandonado las fuerzas desde la asunción de Javier Milei. La brecha salarial con las policías provinciales (como el caso de la FPA en Córdoba) convirtió a la vocación militar en una carga insostenible.

El vaciamiento no es solo numérico; es estratégico. El Ejército perdió al 85% de sus soldados voluntarios por bajas. Cuando la base de la pirámide no puede pagar el alquiler o alimentar a su familia, y cuando la cúpula política prioriza un discurso de "modernización" vacío de recursos para el bienestar básico, la salud mental de la tropa se quiebra. La depresión que hoy se cobra vidas está íntimamente ligada a la precarización y a la falta de un horizonte profesional digno.
Soberanía en riesgo: Una Argentina indefensa
Este desfinanciamiento no es un error de cálculo, sino un componente del modelo colonial que se busca profundizar. Un país sin fuerzas armadas profesionales, bien pagas y moralmente sólidas, es un país que renuncia de facto a la custodia de sus recursos naturales y a su reclamo soberano en el Atlántico Sur.
Mientras Gran Bretaña consolida su presencia militar en las islas y avanza sobre el saqueo pesquero y petrolero, la Argentina de Milei ofrece como respuesta fuerzas diezmadas por la deserción y el suicidio. La destrucción de la IOSFA (la obra social militar) ha dejado a los efectivos sin el respaldo médico necesario, justo cuando el estrés postraumático y la crisis económica más los golpean.
La paradoja del "Reequipamiento"
Resulta cínico que el Gobierno anuncie compras de armamento o convenios internacionales mientras los propios soldados se quitan la vida en sus puestos o en sus casas por falta de sustento y contención. No hay soberanía posible con soldados pobres. No hay defensa nacional con una oficialidad que ve en el retiro la única salida para no caer en la indigencia.
La muerte del quinto efectivo en Quilmes es un llamado de atención final. No se trata de "casos aislados"; es la consecuencia directa de un modelo que considera al Estado como una organización criminal y, por ende, abandona a quienes tienen la responsabilidad constitucional de defender la integridad territorial de la Nación.