HORZONTAL DENTRO DE NOTA  - 700x80 SUPERIOR

44 años de resoluciones de un Comité de Descolonización que no descoloniza las Islas Malvinas

Tras la guerra de 1982, el Comité ha emitido sistemáticamente el mismo documento instando a las partes a negociar. Resoluciones con las que Gran Bretaña, olímpicamente se limpia el culo.

28 de junio de 2026 15:20

La delegación argentina; testigo mudo de la parodia diplomática que se viene ejecutando durante 44 años consecutivos.

Por Daniel Guzmán

Director de Agenda Malvinas

La reciente aprobación por consenso de una nueva resolución en el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas (C-24) ha desatado una oleada de festejos desmedidos en la agenda pública de Buenos Aires. Desde los despachos oficiales hasta la militancia digital libertaria, pasando por medios de prensa metropolitanos adictos a titulares explosivos e incluso sectores de Veteranos de Guerra que debieran portar mayor memoria histórica, se intentó vender el resultado en Nueva York como un “triunfo soberano e histórico”.

Sin embargo, esta celebración exagerada no hace más que desnudar una peligrosa ligereza conceptual o, lo que es peor, un burdo intento de propaganda política para encubrir, con retórica de pasillo multilateral, la absoluta inacción gubernamental argentina frente a la materialización física del despojo en nuestras narices. Porque lo que ocurrió esta semana que pasó en Nueva York no fue una victoria; fue la repetición inalterable de un trámite burocrático anual que se reitera de manera casi idéntica desde hace cuarenta y cuatro años.

Tras la guerra de 1982, el Comité ha emitido sistemáticamente el mismo documento instando a las partes a negociar. Un reclamo que solo sirve para viajes, acumular millas, obtener viáticos en dólares, cenas exóticas, borracheras y otras intoxicaciones, caminatas por la 5ta Avenida, cambios de nuevos modelos de iphone, fotos y aplausos que se desvanecen en el mismo momento en que se abandona el edificio de las Naciones Unidas.

El show de los colonos y la falacia de la autodeterminación

Frente a ello, el Reino Unido ha perfeccionado la estrategia del desacato sistemático: no asiste a las sesiones, desconoce la competencia del Comité y archiva las resoluciones en un cajón sabiendo que carecen por completo de carácter vinculante, punitivo u obligatorio.

Para consumar el ninguneo, Londres envía al foro únicamente a los miembros de la Asamblea Legislativa de la colonia implantada como "peticionarios". Estos delegados montan un show discursivo para la tribuna internacional exigiendo una "autodeterminación" que la propia Asamblea General de la ONU ya declaró inaplicable para el caso Malvinas, dado que no constituyen un pueblo colonizado preexistente, sino una población artificialmente introducida tras la expulsión de 1833.

La ONU no les otorga entidad jurídica en una disputa que es estrictamente bilateral entre la República Argentina y la potencia ocupante, pero el Reino Unido los utiliza como rehenes políticos y escudo demográfico para eludir el diálogo.

Resulta tragicómico, cuando no ofensivo para la soberanía nacional, que el Gobierno y sus repetidores mediáticos celebren un papel firmado por compromiso en Nueva York mientras, en ese mismo instante, las grúas y los camiones articulados cementan las rampas portuarias en Puerto Argentino y el consorcio anglo-israelí Navitas-Rockhopper diseña complejos habitacionales y plantas de lodo químico con vistas a iniciar la perforación submarina ininterrumpida en enero de 2027.

Por lo que debe quedar claro —ante semejante y extensa evidencia—, que la resolución del C-24 no frenó ni frenará el saqueo pesquero, ni la expansión territorial en el Atlántico Sur, ni las pretensiones británicas sobre el continente antártico, ni retrotraerán el proyecto de explotación petrolera en Sea Lion, ni un solo contrato alcanzado con el consorcio, ni alteraran las cotizaciones bursátiles en Londres o Tel Aviv.

La parodia transandina: De vocero de pasillo a socio servil de Gran Bretaña 

Esta puesta en escena diplomática convive, además, con otra monumental falacia regional que la prensa mayoritaria elige silenciar: la parodia de Chile. Que sea históricamente la delegación chilena la encargada de presentar y leer el proyecto de resolución a favor de la Argentina ante el Comité, responde a una necesaria fachada de solidaridad latinoamericana automática ante los ojos del mundo, orquestada por el propio foreign office británico.

Pero detrás de la solemnidad del discurso en los pasillos de la ONU, emerge la cruda realidad territorial: Chile opera en los hechos como el mayor y más eficiente socio estratégico, logístico, comercial y antártico del Reino Unido en el extremo sur del continente y específicamente con la colonia implantada en Malvinas. Sus puertos y aeropuertos australes siguen constituyendo el cordón umbilical indispensable para el reabastecimiento de las islas y el sostenimiento de las flotas ilegales que depredan el mar argentino.

El triunfalismo de gacetilla y el ropaje de la capitulación libertaria

La soberanía no se defiende cosechando aplausos de compromiso en el verano de Nueva York mientras se convalidan los lazos logísticos y comerciales que alimentan al usurpador en el sur profundo. El triunfalismo de gacetilla del gobierno de Javier Milei —atrapado en su propia subordinación ideológica hacia las potencias y los mercados globalizados que financian el saqueo de Sea Lion— es el ropaje de la capitulación.

Mientras el Palacio San Martín festeja la rutina de su propia inoperancia, el tren del despojo sigue marchando a paso firme, recordándonos que el patrimonio nacional se defiende ejerciendo el poder de policía en el mar, aplicando sanciones financieras efectivas a las corporaciones clandestinas y cortando de raíz las facilidades continentales que hacen viable la ocupación británica. Todo lo demás es cartón pintado.

 

Tags

Otras noticias de Malvinas

Te puede interesar

COMENTARIOS

Aún no hay comentarios

Inicia sesión o regístrate para comentar.