Este 3 de enero de 2026, Argentina se encuentra a solo siete años del bicentenario del despojo británico de 1833. Y por primera vez de su historia democrática, la efeméride encuentra a la Nación gobernada por una gestión que admira a Margaret Thatcher y valida el "deseo" de los ocupantes, rompiendo el consenso nacional sobre la integridad territorial.
El 3 de enero de 1833, la fragata británica HMS Clio llegó a las Islas Malvinas para consumar un acto de fuerza: la expulsión de las autoridades argentinas y parte de la población que residía legítimamente en el archipiélago. Aquel día se inició la ruptura de la integridad territorial de nuestra Nación, una herida que cumple hoy 193 años y que, lejos de cicatrizar, sangra con una gravedad institucional inédita debido a la postura del actual Gobierno nacional.
Este aniversario no es igual a los anteriores. El 2026 encuentra al País con un presidente, Javier Milei; que ha manifestado públicamente su admiración por la exprimer ministro del Reino Unido durante la guerra de 1982, Margaret Thatcher —responsable política del hundimiento del Crucero General Belgrano— y que ha propuesto ante la prensa británica que la soberanía dependa de "cuando los isleños lo deseen".
De la expulsión de 1833 a la validación de 2026
La historia es clara: en 1833, Gran Bretaña no encontró un territorio vacío, sino una comunidad argentina organizada. La expulsión fue un acto colonial que la ONU reconoció en 1965 como una situación que no admite la libre determinación, precisamente porque la población actual es el resultado de ese desplazamiento forzado.
Sin embargo, a casi dos siglos de aquel despojo, el discurso oficial de la Casa Rosada se ha cruzado de bando. Al postular la "libre determinación" de la colonia implantada, Milei no solo ignora los derechos de los 47 millones de argentinos, sino que legitima el acto de fuerza de la HMS Clio. Si el derecho a decidir reside en los ocupantes, entonces la usurpación de 1833 deja de ser un crimen internacional para convertirse en un hecho consumado y aceptado por el propio Estado agredido.
Un 3 de enero bajo la sombra de la traición
Mientras el CECIM La Plata mantiene una intimación legal contra el Presidente por sus dichos a The Telegraph, este 3 de enero de 2026 se presenta como una fecha de resistencia. Desde Jujuy hasta la Antártida, el reclamo de soberanía se enfrenta hoy a un enemigo interno: la desmalvinización oficial disfrazada de "relación comercial madura".
Admirar a Thatcher y ceder ante el "deseo" kelper es, en la práctica, completar el trabajo que los británicos iniciaron hace 193 años. Aquella fue una usurpación por las armas; esta pretende ser una entrega por decreto y por omisión de los deberes constitucionales.
La memoria como defensa
A 193 años de aquel fatídico enero, Agenda Malvinas reafirma que el tiempo no prescribe la soberanía. La Argentina no será una nación completa mientras una potencia colonial usurpe su territorio y saquee sus recursos.
Hoy, más que nunca, recordar el 3 de enero de 1833 es denunciar la política de 2026. La soberanía no se negocia por armas ni se supedita a la voluntad de quien ocupa lo ajeno. La integridad territorial es un mandato irrenunciable que ninguna gestión, por más admiradora del imperialismo que sea, podrá borrar de la conciencia del pueblo argentino.