Para ello ya navega hacia nuestros mares un buque insignia de la Guardia Costera de ese país. La operación cuenta con el aval del gobierno argentino. Argumentan que los países sudamericanos “no tienen capacidad de vigilar sus aguas soberanas” ante el avance de la pesca ilegal china. La explotación de los recursos naturales, dispara en el Atlántico Sur, una nueva fase de la guerra fría oriente-occidente.
En el marco de una operación naval denominada “Cruz del Sur”, un Guardacostas de la Guardia Costera de EE. UU. -USCGC Stone (WMSL 758)-, partió de Pascagoula, Mississippi, con la misión de patrullar el Atlántico Sur para detectar pesca ilegal, no reglamentada y no declarada en aguas sudamericanas. La iniciativa del país del Norte de América cuenta con el aval de los gobiernos de Guyana, Brasil, Uruguay, Portugal (a bordo va un observador de la marina de ese país) y Argentina. Cabe recordar que el año pasado, el Congreso Nacional aceptó que tropas extranjeras pudieran ingresar al territorio nacional. Aprobación que generó en su momento fuertes críticas hacia los legisladores que alzaron su mano.
El buque insignia de la Guardia Costera de los Estados Unidos pretende “brindar presencia y respaldo a los objetivos de seguridad nacional en todo el Atlántico”, explicaron.
La operación la encabeza el Comando Sur de EE. UU., con alcance en América Central y del Sur para “garantizar que el hemisferio occidental sea seguro, libre y próspero” según ellos mismos definen.
Si bien es claro y conocido que la pesca ilegal y sin reglamentación provoca pérdidas globales millonarias al sector, llama la atención que sea la Guardia Costera de un país totalmente ajeno a la región quien deba velar por “la seguridad marítima global, la estabilidad regional y la prosperidad económica”.
El comandante del Área Atlántica de la Guardia Costera de EE. UU., vicealmirante Steven Poulin, declaró recientemente la obviedad de que el área que dirige “está comprometida con la protección de los recursos marinos vivos", para adentrarse en la fundamentación de la operación: “La pesca INDNR es un problema demasiado grande para cualquier nación. Solo trabajando juntos podremos proteger los medios de vida, garantizar que los puertos sigan siendo económicamente productivos y respaldar la industria pesquera sostenible”.
Intereses sumergidos
Surge clara la evidencia de que la intención del poderoso gobierno estadounidense es detener la creciente presencia de su competencia, China, en el hemisferio Sur, del cual se siente protector. Más allá de que la mayoría de las actividades chinas, sobre todo pesqueras, en nuestros mares, son francamente depredadoras e ilícitas. Desde medios de prensa norteamericanos se encargan de enfatizar insistentemente que es tal la demanda del mercado chino sobre el recurso pesquero de caladeros sudamericanos, que muy pronto podrían verse en la zona buques militares de China para proteger a sus connacionales pesqueros. “No todas las naciones marítimas tienen la capacidad de vigilar sus aguas soberanas o la conciencia moral para vigilar sus flotas. Esta falta de responsabilidad compartida crea oportunidades de explotación en forma de pesca ilegal, no declarada y no reglamentada” firma su particular argumentación en el sitio web de la Guardia Costera el Almirante Karl L. Schultz. “La Guardia Costera de EE. UU. está preparada para asumir un papel de liderazgo” expresa luego la máxima autoridad de ese cuerpo naval estadounidense. Sin embargo, es dable suponer que otra intención de Estados Unidos con el pomposo operativo Cruz del Sur, si no el principal, es la de tutelar los intereses británicos en el Atlántico Sur, donde se erige la usurpación colonial más vergonzosa y cuestionada del Imperio: Malvinas. Las riquezas naturales circundantes de Malvinas y los demás archipiélagos usurpados tienen una magnitud tal que requieren para esas grandes potencias de una vigilancia continua y presencial desmesurada. Luego de la salida de Gran Bretaña de la comunidad europea a través del Brexit, es evidente que acentuará su sociedad con los Estados Unidos en materia comercial, logística y militar. La creciente concurrencia militar en mares ajenos y lejanos, disfrazada de buenas intenciones, contrasta fuertemente con la rotunda negativa de Gran Bretaña de cumplir con las directivas de la Organización de Naciones Unidas de afrontar un diálogo que resuelva la anacrónica situación colonial de ocupación ilegítima de territorios extraños.Tags
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