El libreto geopolítico que se venimos develando desde Agenda Malvinas, terminó de mostrar a su verdadero director de orquesta en el terreno. En medio de la máxima tensión bilateral con la República Argentina y tras revelarse los informes de inteligencia que catalogan como un "evento crítico" inminente el zarpe del mercante Danstar hacia las Islas Malvinas, el embajador del Reino Unido en Chile, David Concar, aterrizó en la ciudad de Punta Arenas.
Lejos de una gira protocolar o un viaje de placer, el desembarco del diplomático británico en la capital magallánica representa un explícito respaldo político de Londres a la consolidación del corredor logístico marítimo y a la articulación combinada en el Atlántico Sur y la Antártida.
Durante la mañana de este miércoles 14 de octubre, Concar mantuvo una reunión formal a puertas cerradas con el principal operador político del proyecto mercantil, el alcalde Claudio Radonich. Aunque a su llegada a la sede comunal el embajador británico evitó responder ante las preguntas de la prensa respecto a las intimaciones y acciones legales anunciadas por la Argentina, sus definiciones públicas posteriores y las del jefe municipal terminaron de blanquear el entramado de fondo.
La confesión naval y la pinza sobre el continente blanco
Apenas concluido el encuentro con Radonich, el representante de la corona británica reveló con total naturalidad uno de los ejes centrales de sus conversaciones en Magallanes: la cooperación militar y antártica.
“Hemos sostenido muy buenas conversaciones sobre la cooperación del Reino Unido en materia antártica, particularmente en investigación científica y conservación. También tuvimos un buen diálogo sobre la cooperación entre la Armada británica y la Armada de Chile, considerando la importancia que tiene este lugar para la Armada chilena”, sentenció Concar.
Las palabras del embajador confirman la gravedad de la pinza estratégica:
1. La alianza castrense combinada: Mientras sectores políticos chilenos amenazan a la Argentina con cortar pasos terrestres a Tierra del Fuego o bloquear la navegación de buques nacionales, el embajador británico se sienta en el extremo sur a diagramar acuerdos entre la Armada de Chile y la Royal Navy.
2. La pantalla de la ciencia antártica: Londres utiliza la retórica de la "conservación" y el "cambio climático" para afianzar en Punta Arenas la infraestructura logística de proyección hacia el Continente Blanco. El Reino Unido busca garantizarse una cabecera continental indiscutible para sostener su pretensión imperial sobre el Sector Antártico, donde sus mapas coloniales se superponen tanto con el territorio soberano argentino como con el chileno.
Radonich y la falacia del "comercio inocente"
Por su parte, el alcalde Claudio Radonich volvió a insistir en su gastado argumento de la "alternativa a Montevideo" y los presuntos beneficios para las pymes locales, calificando el negocio como un simple intercambio "entre comunidades" amparado en el libre uso del Estrecho de Magallanes.
Sin embargo, el propio Radonich se traicionó ante las cámaras de televisión abierta: reconoció que lo que busca su gestión municipal es captar un negocio que "es muy lucrativo" para la región. Esa rentabilidad codiciada no nace de un comercio virtuoso: emana de las fabulosas utilidades que la administración usurpadora extrae de la depredación pesquera en aguas argentinas y de la urgencia británica por levantar un cordón de provisiones para viabilizar el proyecto petrolero Sea Lion.
Pretender aislar el cargamento de 1.400 toneladas del buque Danstar —que transportará madera, cemento, insumos técnicos, alimentos y gas licuado a partir de diciembre— de la política de defensa y ocupación británica es una ficción insostenible. Cada contenedor que Easter Island Naviera traslade desde los muelles magallánicos hacia Puerto Argentino actúa directamente como subsidio logístico a la fortaleza militar de Mount Pleasant y abarata el costo operativo del saqueo de los recursos no renovables.
La presencia que anula la ficción del "conflicto municipal"
La visita de David Concar demuele la endeble estrategia ensayada por el canciller argentino Pablo Quirno, quien horas antes había intentado desvincular a La Moneda y reducir la escalada a un simple "ámbito del intendente".
Nadie en el Palacio San Martín puede sostener seriamente que un embajador de una potencia extracontinental viaja 2.200 kilómetros al sur para fotografiarse en la Plaza Muñoz Gamero y coordinar tareas de defensa antártica con autoridades locales por una simple iniciativa vecinal. El viaje de Concar a Magallanes es un acto de Estado: es el aval explícito de la corona a las 822 reuniones comerciales selladas en el Hotel Cabo de Hornos y un mensaje por elevación a Buenos Aires.
El embajador que hoy recorre Punta Arenas celebrando una "historia compartida para construir juntos el futuro" es el mismo que semanas atrás aceitaba la sintonía militar con el ministro de Defensa chileno, Fernando Barros Tocornal. Mientras el Reino Unido avanza en la ocupación y utiliza el territorio chileno como escudo logístico, la respuesta argentina no puede quedar subordinada a la diplomacia contemplativa. La denuncia de los acuerdos fiscales que benefician a las empresas chilenas en el país impulsada por el CECIM La Plata y el estricto cumplimiento del Decreto 256/2010 en la boca oriental del Estrecho son mandatos insoslayables frente a la consumación de este pacto colonial en el confín de nuestra patria.