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En los puertos de Santa Cruz quieren recibir a la flota china

Los estibadores de la provincia patagónica denuncian una casi total inactividad en los puertos. Ven en la prestación de servicios a la cuestionada flota china, una oportunidad de reactivación. La polémica sigue vigente, mientras la industria pesquera nacional se extingue.

14 de julio de 2022 13:30

“Cada vez vienen menos barcos a los puertos de Caleta y Deseado y los trabajadores vamos de mal en peor”, dicen los estibadores.

La noticia se conoció esta semana. Estibadores de cuatro puertos de Santa Cruz pidieron a las autoridades que se permita el ingreso de buques pertenecientes a la flota china que pesca en el límite de la zona económica exclusiva argentina; a las estaciones portuarias de esa provincia para que se les suministre el menú de servicios portuarios. La novedad reavivó la polémica que cada tanto genera novedades durante los últimos años.

Los trabajadores santacruceños visibilizaron su reclamo reuniéndose con el diputado nacional Claudio Vidal, líder del gremio de los petroleros privados de Santa Cruz y figura ascendente en la política provincial, al punto de disputarle espacios al propio kirchnerismo gobernante. Vidal los escuchó y se comprometió a presentar un proyecto de ley para que se declare la emergencia pesquera en Santa Cruz, instrumento con el cual supone se podría permitir la llegada de los chinos a los puertos.

Inmediatamente la iniciativa despertó el repudio de casi todos los sectores involucrados en la temática pesquera. Es que la flota china -principalmente, aunque también hay portugueses, españoles, coreanos, etc.- ejerce año tras años cuando no una pesca abiertamente ilegal, al menos desleal.

Con el combustible subsidiado por su propio gobierno ya los chinos cuentan con una inmensa ventaja respecto de cualquier posible competidor, entre ellos los estados costeros, en una parte del año Ecuador, en la otra parte, Argentina.

Es el punto que más se cuestiona. Ofrecer logística, mantenimiento y servicios desde los puertos santacruceños, sería lisa y llanamente contribuir con el principal rival de la industria pesquera nacional.

Pero no todo es tan blanco y negro.

Primeramente, porque más allá de rencillas e internas políticas que puedan estarse jugando en la provincia de Santa Cruz, el colectivo de estibadores es un sector al que se debe escuchar y contener. Según relatan en la comunicación de prensa que difundieron, la actividad en Caleta Olivia, Puerto Deseado, San Julián y Punta Quilla, ha sido, en los últimos meses, prácticamente nula.

“Estos barcos representan una oportunidad de trabajo” argumentan los estibadores. “Cada vez vienen menos barcos a los puertos de Caleta y Deseado y los trabajadores vamos de mal en peor”, graficaron a continuación.

Meses atrás, funcionarios del puerto chubutense de Comodoro Rivadavia lanzaron un globo de ensayo con la posibilidad de recuperar el astillero de esa estación portuaria, para que sea utilizado por la flota china de la milla 201, con iguales repercusiones que el actual planteo de los estibadores: rechazo casi unánime.

Lo cierto es que es menester enfrentar una problemática que reclama un minucioso análisis, porque son muchos los factores abiertos en juego y es muy diversa la opinión sobre la posible resolución.

Porque si bien a priori es condenable el accionar de las flotas extranjeras al límite de las aguas internacionales, con el pretendido argumento de estar defendiendo una industria pesquera nacional se ignoraría una concreta oportunidad económica y laboral para un sector muy castigado.

Por otra parte, no permitir el ingreso a puertos argentinos de tales embarcaciones, en nada cambiará la situación y los chinos seguirán pescando por décadas en las condiciones que quieran. Y la respuesta para sus necesidades logísticas, mecánicas o de servicios, se las seguirán dando los uruguayos en el puerto de Montevideo, como actualmente lo hacen, generando trabajo y divisas para su país.

Finalmente, lo que debiera resultar como saldo positivo de la discusión es que hablar de industria pesquera nacional, a esta altura es casi un eufemismo. Es esto lo que debiera despertar la alerta y preocupación de las autoridades a cargo. Un sector prácticamente inactivo, paralizado, desmembrado, con casi nula incidencia en la captura de las especies que interesan. Una industria que debiera dar vida y dinámica a los puertos y a las ciudades qué hay detrás, pero que sin incentivos estatales, marcha camino a una segura desintegración.

Bueno sería estar en una situación tan floreciente que permitiera la total libertad de rechazar el ingreso de los barcos chinos, sin mucho más que discutir. Lamentablemente no es el caso. Y es así como la realidad obliga a barajar todas las posibilidades, aún las más impensadas. Porque detrás de una justificada defensa de recursos, hay una industria que se desploma y un concreto problema coyuntural que es indispensable atender.

Por Agenda Malvinas

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