Mientras el mundo mira hacia otros conflictos, en las aguas argentinas usurpadas por el Reino Unido ha comenzado una nueva coreografía de expoliación. Este domingo 22 de febrero, la flota gallega —socia estratégica del enclave colonial— dio el "vamos" a la temporada de calamar Loligo 2026. Tras tres años de caídas estrepitosas y una biomasa que juega al límite de la extinción comercial, el inicio de esta zafra no es una celebración, sino una señal de alarma: el Reino Unido está rifando el futuro del ecosistema marino para sostener sus finanzas en Malvinas.
El espejismo de las 40.000 toneladas
Los datos preliminares que llegan desde el Atlántico Sur intentan inyectar un optimismo cauteloso en el sector pesquero de Vigo y Marín. El buque Monteferro, actuando como "termómetro" de la temporada, reportó capturas de 41 toneladas diarias durante su prospección. Una cifra que, aunque supera las agónicas 25 toneladas del cierre de 2025, no logra disipar la sombra de la crisis.
La administración colonial estima una biomasa inicial de 40.000 toneladas. Sin embargo, para los expertos y para el seguimiento histórico de Agenda Malvinas, este número es frágil. En agosto de 2025, la ambición y la sobreexplotación obligaron a un cierre anticipado para evitar que el stock cayera por debajo del "umbral de supervivencia" de 10.000 toneladas. Estamos ante una economía de enclave que sobrevive raspando el fondo del plato.
La "Pinza" del Saqueo: De Galicia a Pekín
El Loligo no solo sufre la presión de los 16 arrastreros españoles que operan bajo licencias ilegales británicas. El recurso está atrapado en una pinza depredadora:
1. La Flota Gallega: Empresas como el Grupo Pereira y Lanzal, que modernizan sus buques para ser más eficientes en la captura, acelerando irónicamente el fin de su propio negocio.
2. La Flota de la Milla 201: Cientos de poteros de China, Corea del Sur y Taiwán que, apostados en el límite de la Zona Económica Exclusiva (ZEE) Argentina, interceptan el stock migratorio sin ningún control biológico.
"No hay calamar", decían los capitanes gallegos el año pasado. Hoy, el recurso parece haber regresado tímidamente, pero la técnica del arrastre de fondo sigue devastando el hábitat bentónico, destruyendo el hogar de las especies que pretenden seguir pescando.
El Sostén del Enclave Colonial
No es solo pesca; es geopolítica. La venta de estas licencias ilegales es el oxígeno financiero de la ocupación británica. Sin el superávit que genera el calamar, el costo de mantener la colonia implantada sería significativamente más alto para Londres. Al permitir esta extracción descontrolada, las empresas españolas no solo violan la soberanía argentina, sino que financian la permanencia del usurpador.
2026: ¿El año del punto de no retorno?
La temporada actual está programada para durar 64 días, pero el monitoreo será diario. Si la biomasa flaquea, el pánico volverá. Argentina observa cómo su patrimonio natural es rematado al mejor postor en una feria de licencias ilegales que ignora las resoluciones de Naciones Unidas.
El saqueo pesquero es la cara más visible de la usurpación y, a medida que el recurso se agota, queda claro que el colonialismo británico es, por definición, un modelo extractivista enemigo de la naturaleza.
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