Mientras el Gobierno de España sostiene en la ONU el reclamo por la soberanía de las Islas, sus empresas pesqueras financian la ocupación británica. Con el caladero al borde del colapso, la administración colonial les garantiza un "piso de extracción" para salvar la rentabilidad de Vigo, ignorando la protección del recurso.
Los muelles de Beiramar, en Vigo (Galicia, España), han vuelto a mostrar su cara más amarga para la soberanía argentina. Los diarios Faro de Vigo y Atlántico confirman la partida de los 16 arrastreros congeladores que integran la avanzada del saqueo 2026. Nombres como el Falcon, Prion, Golden Chicha y Argos Berbés ya navegan hacia el Atlántico Sur para operar bajo licencias ilegales otorgadas por la colonia británica en "Port Stanley", como eligen llamarlo los medios gallegos, ignorando sistemáticamente la toponimia argentina y el derecho internacional.
Los buques de capital gallego mencionados por la prensa española para esta campaña 2026 son: el Falcon, Prion, Golden Chicha, Hermanos Touza, Hadassa Bay, New Polar, Robin M. Lee, Argos Cíes, Argos Pereira, Argos Berbés, Beagle FI, Argos Cíes, Venturer, Sil, Monteferro, Monte Lourido e Igueldo.
El "Piso del Saqueo": Cuando el lucro manda sobre la ciencia
La información proveniente de España es reveladora: tras los pésimos números de 2025 —donde las capturas de Calamar cayeron a cifras catastróficas—, el gobierno colonial ha establecido un "umbral de seguridad" de 10.000 toneladas de calamar.
Sin embargo, los datos oficiales del departamento de Pesca británico, citados por la prensa española, admiten que el riesgo de estar por debajo de ese límite es real. Pero la decisión política está tomada: para "salvar" la millonaria inversión de las armadoras de Vigo (más de 240 millones de euros en nuevos buques), la colonia ha congelado el precio de las licencias hasta 2027 y garantiza la extracción a cualquier costo. Es la evidencia de un sistema que no protege el ecosistema, sino que asegura la rentabilidad de sus socios españoles para sostener financieramente la usurpación.
La hipocresía de la "Madre Patria"
Resulta inadmisiblemente odioso el doble estándar del Estado español. En los foros internacionales y en las Naciones Unidas, España y Argentina mantienen un histórico acuerdo de apoyo mutuo: Argentina respalda el reclamo español por Gibraltar y España hace lo propio con la Cuestión Malvinas.
No obstante, en la práctica, España es el principal socio comercial de la ocupación británica. Las joint ventures entre capitales gallegos y empresas isleñas son el motor que permite a los usurpadores mantener uno de los ingresos per cápita más altos del mundo. España firma la descolonización con la mano izquierda en Nueva York, mientras con la derecha financia el sostenimiento de la colonia en el Atlántico Sur.
La traición a la sangre
Este saqueo no solo es un despojo de recursos naturales (unas 250.000 toneladas anuales en promedio histórico); es también un agravio a la memoria y a la identidad.
Argentina es hogar de la comunidad gallega más grande fuera de España. En 1982, miles de hijos, nietos y descendientes de aquellos gallegos que llegaron al país buscando futuro, marcharon al frente de batalla para defender las Islas Malvinas. Hoy, los mismos puertos de donde salieron sus abuelos ven partir a los barcos que van a robarle el futuro a sus nietos en Argentina. Es una traición de raíz: las empresas de Vigo prefieren el beneficio económico de la mano del usurpador británico que el respeto a la soberanía de la nación que cobijó a su propio pueblo.
Un caladero en caída libre
Incluso con el sesgo de los medios españoles, la realidad es inocultable:
- En 2022 se rozaron las 100.000 toneladas.
- En 2025 la cifra total se desplomó a 56.000 toneladas.
- La segunda zafra del año pasado apenas alcanzó las 18.000 toneladas.
La "incertidumbre" de la que hablan los armadores vigueses no es más que el resultado de décadas de depredación sin control científico real, un festín extractivo que hoy muestra signos de agotamiento. El 2026 arranca no como una temporada de pesca, sino como una operación de rescate financiero para una flota española que, en complicidad con Londres, parece decidida a sacar hasta el último calamar antes de que el caladero colapse definitivamente.