La ofensiva israelí en Gaza ha institucionalizado la aniquilación de los mensajeros de la realidad. Con 260 periodistas y trabajadores de medios asesinados desde octubre, según el registro de la Oficina de Medios gubernamental en el enclave, el gobierno y el ejército de Israel han ejecutado la campaña más letal contra la prensa en 30 años, superando en víctimas fatales la suma de periodistas muertos en la Guerra Civil estadounidense, las dos Guerras Mundiales, los conflictos de Corea, Vietnam y Afganistán, según un informe del Instituto Watson de Asuntos Internacionales de la Universidad Brown.

La pauta no es casual, sino sistemática. El último crimen, ocurrido hace pocos días, cobró la vida de los fotoperiodistas Anas Ghunaim, Abdul Ra’ouf Shaath y Mohammad Qeshta, quienes documentaban con un dron un campamento de desplazados para el Comité Egipcio para la Ayuda a Gaza. Su vehículo, calcinado y humeante a 5 kilómetros del territorio controlado por Israel, fue blanco de un ataque aéreo.
Mohammed Mansour, portavoz del comité, declaró a The Associated Press que las fuerzas israelíes conocían la naturaleza del automóvil. La versión militar israelí, que alegó que el dron espiaba a sus soldados, fue contradicha por testigos y por la Federación Internacional de Periodistas, que confirmó la misión humanitaria de los profesionales.
Este episodio se inscribe en una estrategia más amplia de represión documentada. Reporteros Sin Fronteras, en su Índice Mundial de Libertad de Prensa 2025, sitúa a Palestina como el Estado más peligroso para los periodistas, detallando cómo en Gaza carecen de refugio y provisiones, mientras en Cisjordania sufren acoso y arrestos masivos con impunidad.
La directora del Comité para la Protección de los Periodistas, Jodie Ginsberg, alertó sobre el grave deterioro global de las normas de protección, acusando a Israel de intentar sofocar las investigaciones y culpar a las víctimas. La Federación Internacional de Periodistas, que tildó 2024 como uno de los peores años para los medios, condenó la masacre visible ante el mundo, un esfuerzo metódico, según la Oficina de Medios de Gaza, por borrar la narrativa palestina y ocultar la verdad del genocidio.