La escalada de provocaciones anglo-chilenas en el Atlántico Sur ha cruzado una línea de no retorno que trasciende la habitual entrega logística de Punta Arenas. La impunidad con la que se mueve el patrullero británico HMS Medway —que denunciamos tras su recalada en Chile para reabastecerse— encierra ahora un componente de extrema gravedad institucional y militar: la ruptura unilateral por parte del Reino Unido de los protocolos de comunicación de postguerra, un hecho que dinamita más de tres décadas de diplomacia y retrotrae la relación bilateral al borde del estado de beligerancia previo a 1990.
Según reveló una investigación publicada por el diario Ámbito Financiero, la Armada Argentina detectó el desplazamiento del buque de guerra británico navegando desde las Islas Malvinas en dirección al Estrecho de Magallanes. El patrullero ingresó en aguas bajo control nacional a la altura de Santa Cruz y Tierra del Fuego sin emitir ningún tipo de comunicación previa a las autoridades militares argentinas.

Aquí es necesario realizar una corrección política urgente a la lectura de ciertos cronistas: el buque no ingresó a "jurisdicción argentina" recién al acercarse al continente. Las Islas Malvinas y sus espacios marítimos circundantes son y serán siempre de jurisdicción argentina, por lo que el HMS Medway estuvo y está en aguas nacionales desde el mismo momento en que soltó amarras. Lo gravísimo es que violó el espacio marítimo continental e interior sin dar el aviso obligatorio de postguerra.
¿Qué rompió Londres? Los Acuerdos de Madrid I y II
Para mensurar la dimensión de la afrenta británica, es imperativo recordar qué establecieron los tratados de Madrid que pusieron fin legal al conflicto de 1982:
- Madrid I (Octubre de 1989): Firmado bajo la fórmula de "paraguas de soberanía", permitió reanudar las relaciones consulares. Su eje central fue el compromiso de omitir hostilidades y restablecer de forma paulatina las comunicaciones formales entre las fuerzas armadas para evitar accidentes en las zonas de contacto directo.
- Madrid II (Febrero de 1990): Consolidó la normalización diplomática plena y dio vida al Sistema Transitorio de Información y Consulta Recíprocas. Este protocolo de confianza mutua obligaba rigurosamente a las armadas y fuerzas aéreas de ambos países a notificarse anticipadamente cuando una unidad militar operara o transitara en zonas sensibles del Atlántico Sudoccidental, fijando sistemas de enlace permanentes para evitar "errores de cálculo" o incidentes de combate.
Al ordenar el tránsito del HMS Medway por aguas linderas el área continental e insular argentina sin previo aviso -de acuerdo a la publicado por Ámbito-, ni el brigadier británico Charlie Harmer (comandante en las islas) ni la capitán de corbeta Lucía Ramsay (comandante del patrullero) utilizaron los canales obligatorios establecidos en 1990. Hicieron añicos el Tratado de Madrid II de forma unilateral.
El monitoreo nacional ante el silencio cómplice
La omisión británica no fue un descuido administrativo; fue un acto de soberbia y tanteo geopolítico a la administración de Javier Milei, cuya cancillería hoy se debate en un silencio peligroso por temor a tensionar su alineamiento dócil con Occidente.
A pesar del apagón informativo pirata, los sensores electrónicos del Área Naval Austral, bajo la conducción del contraalmirante Guillermo Prada, detectaron la derrota del HMS Medway. Una aeronave Beechcraft B-200M "Cormorán" de la Aviación Naval argentina despegó para registrar y seguir operativamente el tránsito utilizando tecnología electroóptica. En una paradoja brutal de la asimetría actual, los equipos empleados para rastrear al invasor provienen de la cooperación con Estados Unidos, el principal aliado de Londres en la OTAN.
De la simulación a la hostilidad activa
Esta ruptura del Madrid II dota de un marco de coherencia absoluto a todo lo que venimos denunciando desde Agenda Malvinas:
1. Chile no es un espectador: Al recibir al HMS Medway en Punta Arenas el domingo 5 de julio inmediatamente después de esta incursión ilegal, la Armada chilena no está atendiendo a un buque en "escala técnica"; está proveyendo logística y soporte a un pirata que acaba de violar los acuerdos de paz firmados con la Argentina.
2. El peligro del retroceso: Al romper los canales de comunicación, el Reino Unido destruye el único instrumento de confianza mutua que quedaba en pie y retrotrae las condiciones de seguridad en el Atlántico Sur a las peores épocas de la postguerra.
Frente a este hecho de máxima gravedad, el gobierno argentino no puede subordinar la soberanía nacional ni la seguridad de nuestro mar, a una agenda de sumisión diplomática. El tránsito del HMS Medway sin aviso exige además una doble protesta enérgica e inmediata, una hacia el Reino Unido de Gran Bretaña y otra a la Cancillería chilena. En este último caso, si el palacio de La Moneda en Chile decide seguir cobijando en sus muelles a quienes pisotean los tratados de paz de la región, la Argentina debe denunciar formalmente que el eje Santiago-Londres ha decidido volver a operar en los mismos términos de hostilidad que en 1982.
La geografía no miente, los radares tampoco: el enemigo inglés avanza y el vecino trasandino le abre las puertas.