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Renunció Johnson como líder conservador, y tiene las horas contadas como primer ministro

Acorralado por escándalos de todos los colores y tras la renuncia en masa de su gabinete, Boris Johnson dimitió a la presidencia del Partido Conservador, lo que abre las puertas a su salida como primer ministro británico. Solitario y triste final para el impulsor del Brexit, de la guerra Rusia-Ucrania y del colonialismo tardío.

7 de julio de 2022 13:30

“El Partido Conservador debería tener un nuevo líder y por tanto un nuevo primer ministro”, dijo Johnson.

Tras haberse pasado 24 horas sosteniendo tozudamente, en vivo y por cadena nacional, que de ninguna manera renunciaría a su cargo de primer ministro de Gran Bretaña, mientras se le iban uno tras otro sin solución de continuidad casi 60 de sus ministros y secretarios, Boris Johnson presentó en el mediodía de Londres su dimisión como presidente del Partido Conservador, ineludible paso previo para dejar al cargo institucional que ocupa.

“El Partido Conservador debería tener un nuevo líder y por tanto un nuevo primer ministro”, dijo. Pero también dijo que lo quiere seguir dirigiendo “hasta que haya un nuevo líder”.

De hecho, ya nombró a varios nuevos miembros de su gabinete tras la masiva renuncia, aunque son muchas las voces que le reclaman su inmediata salida. La oposición laborista no para de celebrar su dimisión, pero amenaza con presentar una inmediata moción de censura si su intención sigue siendo permanecer hasta el otoño boreal.

Envuelto casi continuamente en un sinfín de escándalos que incluían fiestas, excesos, alcohol y acoso sexual, esta vez su excentricidad y simpatía no le alcanzaron para sostener su liderazgo, al que se aferraba con inusual tenacidad infravalorando la enorme cantidad de pruebas que lo involucran en todos y cada uno de los affaires, como partícipe, protagonista, o aprobando y haciendo “la vista gorda”.

Hasta el último minuto, soldado al sillón en Downing Street, Johnson insistía que era “muy importante” seguir “enfocado en los retos” del Reino Unido. Hasta que su berrinche sólo encontró a sí mismo como oyente. Entonces, el gran impulsor del ultra cuestionado Brexit, firmó su propia sentencia, como líder conservador, por ahora.

En el actual escenario, resulta poco menos que increíble aceptar que un político con las carencias morales de Johnson, haya encantado a todo un país detrás del peregrino capricho nacionalista del Brexit, que hoy hace tambalear la estructura económica de una potencia mundial.

Y más inconcebible resulta también que sea el acorralado y devaluado Johnson el mascarón de proa, la cara visible de la elite de potencias de la OTAN en la innecesaria guerra que cruelmente enfrenta a Rusia y Ucrania, y que tiene en vilo a toda la humanidad.

En lo que concierne a la Argentina, Johnson siempre ha sido un eficaz ignorador de las más básicas reglas de convivencia internacional, y un descarado sordo ante las resoluciones de Naciones Unidas para retomar el diálogo por la soberanía de las islas Malvinas y otros archipiélagos australes que usurpa el Reino Unido.

La población implantada de Malvinas pierde a su más encendido protector, desde los tiempos de la implacable Margaret Thatcher. Recurrente en el absurdo argumento de la autodeterminación, el también conservador Johnson goza del aprecio y el cariño del puñado de colonos británicos, a pesar de varias medidas que dejó de tomar en su favor y que perjudican la ficticia economía isleña.

Esa defensa selectiva de la autodeterminación quedó patentizada por Boris Johnson en una de las últimas medidas que tomó antes de su renuncia. El futuro ex primer ministro rechazó autorizar a la ministra principal escocesa, la nacionalista Nicola Sturgeon, para celebrar un referéndum de independencia en Escocia el 19 de octubre de 2023.

Mientras en Downing Street veía cómo se iba quedando sin gabinete en cuestión de horas, el ex líder conservador rechazó la inquietud autodeterminativa escocesa argumentando que “no es el momento” para la consulta, después de la de 2014 cuando ganaron los partidarios de la permanencia en el Reino Unido, por 55 a 45.

Por Agenda Malvinas

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