La conferencia “Falklands–Malvinas 44”, que se desarrollará los días 16 y 17 de abril de 2026 en la University of Manchester, no es simplemente un evento académico: es una escena cuidadosamente montada donde el conflicto del Atlántico Sur es narrado —una vez más— desde el centro imperial. Bajo la liturgia de la interdisciplinariedad, el encuentro reúne a figuras del establishment británico —militares retirados, académicos de estudios de guerra, funcionarios vinculados a defensa— junto a un puñado de voces internacionales y entre ellas, argentinas.

El acto inaugural lo dice todo: el “keynote” -el acto inaugural- compartido entre Lawrence Freedman y Virginia Gamba bajo la pregunta “¿por qué falló la diplomacia?” encierra ya la trampa conceptual: el conflicto reducido a un problema de percepciones fallidas, despojado de su dimensión colonial.
A lo largo del primer día, desfilan nombres como Michael Kerr, Edward Hampshire o Jake Widén, junto a veteranos británicos como Michael Rose y Dair Farrar-Hockley, en paneles donde la guerra es diseccionada como caso técnico, quirúrgicamente separada de la cuestión de la soberanía.
Pero es en la participación argentina donde el cuadro adquiere su tonalidad más incómoda. Allí aparecen Virginia Gamba, el profesor Alejandro Diego (UBA, ex conscripto, conectado vía Zoom), el Dr. Alejandro Amendolara (investigador independiente) y el trabajo póstumo de Osvaldo Daniel Ramírez (FF.AA. retirado). A ellos se suma la Dra. Andrea Roxana Bellot —académica argentina radicada en Europa—, quien no solo expone, sino que además preside uno de los paneles.
El denominador común no es menor: ninguno de estos aportes coloca en el centro el problema jurídico de la ocupación británica, sino que se desplazan hacia enfoques de memoria, percepciones, discursos o “puntos de no retorno”. Incluso el caso de Alejandro Diego —veterano— aparece encuadrado bajo la idea de “soluciones disruptivas donde cada parte quede satisfecha”, una formulación que, leída en contexto, roza la aceptación implícita del statu quo. No se trata de cuestionar trayectorias individuales, sino de señalar una constante: la voz argentina que ingresa a estos espacios lo hace, en general, bajo marcos conceptuales ya estabilizados por la academia anglosajona.
Y ahí está el núcleo del problema. Mientras el Reino Unido despliega una red que articula universidades, think tanks (laboratorios de ideas) y asociaciones como la Society for Latin American Studies, fijando agenda y lenguaje, la cuestión Malvinas es progresivamente reconfigurada como objeto académico global, despojado de su carácter colonial.
En los paneles finales —donde intervienen representantes del gobierno ilegal isleño como Richard Hyslop, o especialistas británicos en derecho y defensa— la discusión deriva hacia la “indeterminación legal” o la “evolución institucional” de las islas, consolidando una narrativa donde el conflicto aparece como hecho consumado. Frente a esto, el derecho internacional —las resoluciones de la ONU, el mandato del Comité de Descolonización (C-24), el llamado a negociaciones bilaterales— queda desplazado a un segundo plano, casi como una reliquia incómoda.
El objetivo de estos encuentros, entonces, no es meramente académico: es producir consenso, moldear interpretaciones y, sobre todo, naturalizar una situación colonial bajo el barniz del debate académico.
Lo verdaderamente inquietante no es que los británicos lo hagan —eso es coherente con su estrategia—, sino que parte de la propia intelligentsia argentina participe de ese dispositivo sin disputar su encuadre. Ahí, precisamente, se juega hoy una de las batallas más silenciosas —y más decisivas— de la cuestión Malvinas.
Juan Facundo Besson - María Salomón (Observatorio Malvinas, Atlántico Sur y Antártida - UNR)